sábado, 29 de diciembre de 2012

Carta a mi despertar

Vas a tener que empezar a leer más. Distinguir entre un comienzo y un final no se te da tan bien como lo esperábamos. Vacilás entre si esto que está sucediendo es el fin de un párrafo, el comienzo de un capítulo o unos simples puntos suspensivos. Despertate. Dejá de compararlo todo con historias, con libros. Esto no es un cuento de hadas, no todo el tiempo. Vas a tener que darte cuenta que ese borrón entre puntos y mayúsculas en frente de tus ojos no es más que una cuenta regresiva a la que muchos llamamos vida. ¿Alguna vez pensaste en que quizás no existan los finales? ¿Dudaste de la existencia de un comienzo? Cuesta imaginarlo, pero empezá por abrir los ojos. Si no te despertás no vas a poder ver. Los sueños no siempre, más bien nunca, son lo que queremos ver. ¿Los abriste? Mirá a tu alrededor. Todas las personas que te cuidaron siguen estando. Las flores siguen manteniendo su mismo y tan apreciado aroma. ¿Notás la diferencia? Seguí mirando, buscá, adentrate en las olas de la realidad, disfrutá la hermosa sensación de tener los ojos abiertos y una vez acostumbrada a la mezcla perfecta entre dolor y amor, sentí el tic tac de los relojes. El tiempo pasa y no hay forma de impedirlo. En algún momento esos relojes cesarán y ya no habrá más ruido de ningún tipo de nada. En ese "algún momento" vas a poder utilizar las palabras "final" y "comienzo". Vas a poder dar por sentado que tu historia, la de tu cuenta regresiva, comenzó un tal día de un mes de algunos años. Y terminó en ese "algún momento". Hasta ese día no pongas nombres a lo que puede ser una simple pausa de relojes. Seguí escuchando con paciencia y los vas a oír. Primero el tac. Parece que cesa, pero no, ahí viene el tic. ¿Ya encontraste la diferencia? Sí, exacto, no podés pasar. La puerta está cerrada, pero los relojes se siguen escuchando. Un par de pasos más y en tu mejilla izquierda podés notar una brisa naciente de una ventana. Está abierta. Se abrió, alguien la abrió. Escapate por ahí y buscá reanudar tu historia, pero nunca la des por teminada antes de tiempo, podés negarle la libertad a esa brisa que quiso encontrar tu mejilla izquierda. 

Espero que para cuando hayas leído esto estés por fin despierta y puedas entender que un tropezón no siempre tiene que ser caída y sobre todo que el verdadero final está muy lejos de acá, no hay que confundirlo con una simple puerta cerrada. Y que los comienzos no siempre son sonrisas, que éstas se llaman "brisa por la ventana".

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