viernes, 1 de noviembre de 2013
Noviembre
Desperté, como cualquier otro mediodía, sabiendo que estaba llegando tarde sin siquiera mirar el reloj. Llovía. No es un dato de color, es algo gris, pero me encanta la lluvia, debe ser su paz, o su nostalgia, debe ser la magia que todos necesitan una vez al mes para inspirarse, o al año, o nunca. No almorcé, el tiempo me corría, sabía que el 140 no pasa seguido los días de tormenta y menos los viernes, entonces me bañé lo más rápido que pude y en menos de lo que esperaba estaba entrando al colegio. Primer milagro del día: había llegado temprano. A veces no sé cómo hago para teletransportarme de esa manera, pero me encanta. Clase tras clase, salir temprano, todo marchaba excelentemente bien, bastante rutinario, pero el hecho de que lloviera le daba un poco más de alegría a la cosa. Llegué a casa y pareció que el día se estaba terminando, pero tuve que ponerme a estudiar, sí, algo tenía que arruinar el viernes, sino no podía ser. Sin embargo, en media hora pude terminar mi resumen de geografía y media hora después algo mágico había pasado. Paró de llover y mi inspiración continuaba. De hecho, era mucho más, era mi inspiración que había vuelto para quedarse. Eran mis ganas de sonreír que me gobernaban y contagiaban mi alrededor. Era él. Claro, ahora felizmente lo entendía, era la magia de noviembre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario