Digo esto porque quiero estar segura de cómo soy y qué es lo mejor para mí antes de marcar este punto y aparte en el libro de mi vida, que por cierto, apenas está empezando. Fueron unos minutos nada más, justo los necesarios. Empezó en el momento en que me puse a pensar, pero no de cualquier cosa, sino de eso.
Salí a caminar un poco. Empecé a trotar mientras intentaba librarme de este tema que ya me tenía cansada. Había que elegir entre el blanco o el negro antes de que llegue demasiado tarde. Tic. Sonó el reloj y sentía cómo me apuraba casi sin darse cuenta. Ese trote lento se aceleraba cada vez más al ver que esto ya no era un simple paseo y que tenía una carrera que ganar. Tac. Se vuelve a escuchar.
Frené y toda esa competencia se desvaneció de un segundo al otro, y dejó de sentirse la tensión. El tiempo ya no intentaba pasarme, sino que se sentaba a mi lado pacientemente y esperándome. Me dejó pensar por un rato, pero sabia que no podía tomarme todos los minutos que yo quería. Estaba nerviosa y como siempre comiéndome las uñas, sintiendo que ya no tenía que dar más vueltas, que no podía escapar más. La misma sensación de cuando era mucho más chica: agarraba una margarita y hacía el juego del "me quiere, no me quiere" y me sentía afortunada cada vez que me quería.
Claro, ahora no servía de nada jugar con una flor porque no era acerca de si me quería o no me quería. Era sobre mí, ¿y qué iba a hacer con este asunto? No podía dejar que el tiempo lo decida antes que yo. No puede decidir todo, solamente nos da el espacio para pensar y luego elegir. Todos queremos matar el tiempo pero es él quien termina matándonos a nosotros si es que tardamos demasiado.
Dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, que vas echando de más a quien un día echaste de menos.
Mi decisión se basó en esas palabras. Y listo, está hecho. Pero no tengo miedo del mañana porque vi el ayer y amo el hoy.
Wow,
ResponderEliminar