miércoles, 29 de febrero de 2012

No hay manera de llegar pero hay llegada

Mi camino no está marcado, y tampoco tenía un final. Mirando hacia adelante había unos cuántos árboles que no me dejaban pensar hacia dónde era que yo tenía que llegar, cuál era mi elección. Escuché varias veces decir a las personas que no podían avanzar, que lo único que hacían era retroceder y tenía miedo de estar cayendo en la misma sensación. 


Me pidieron que arme mi camino, lo imagine y lo represente gráficamente. Estuve varios minutos en frente de una hoja en blanco, los suficientes como para rendirme y pensar en otra alternativa. También estuve un tiempo pensando, intentando retroceder para imaginarme cuánto era lo que había recorrido hasta ahora, cuándo empezó y cuál era mi meta, pero muchas de las respuestas no aparecieron. Resignada, pensé "¿Y si yo no tengo un camino?".




"Me cayó la ficha". Yo no tenía un camino como muchas otras personas lo tienen, sino que era mi tarea armarlo en ese momento. No importa cuan zigzagueado pueda llegar a ser ni cuantas montañas por escalar puedan llegar a aparecer, lo importante era que tenga un comienzo en el cual me proponía llegar a la meta, y ese comienzo era hoy.


Caminante, no hay camino, se hace camino al andarPoca gente es capaz de prever hacia donde les lleva el camino hasta que llegan a su fin, y es por eso que no pretendo organizar mi vida tal cual quiero que sea, simplemente me propongo un objetivo, ¿cómo llego a él? No sé. ¿Quién dijo que lo que importa no es llegar, sino ir? Yo creo que las dos son parte de esta caminata ya que cumpliendo mi objetivo voy a encontrar mi felicidad, y forma parte de ella el simple hecho de buscarla. 


Y hoy, tengo un objetivo, y eso me hace feliz.

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