Lunes: levantarme 7 am, pasar a buscar a Nati 7.30 (si llego tarde me mata), tomarme el colectivo, llegar a hockey 8.30, entrenar, ir al pelle 12.40, pasar el día, volver a mi casa, comer, dormir
Vuelvo a tomar el efecto de boomerang, si es que alguna vez dejó de formar parte de mí. El tiempo vuelve a hacerse cargo de todos mis días, vuelve a intentar matarme en cada segundo. Me gana esa carrera que todavía no pude terminar, porque no llego, porque ya hay un vencedor que corre más rápido que yo.
Martes: estos son los días en los que puedo dormir hasta las 11. Ahí me levanto y a las 12.40 tengo que estar en el pelle. A la tarde tengo informática y después inglés. Una tarde muy aburrida.
Escuché que dicen que el progreso consiste en navegar siempre en contra de la corriente, que resulta ser la rutina. Yo soy una rutina. Desde el momento en que cierro los ojos hasta que me despierto vivo una rutina interminable, ya que, ¿existen rutinas que se terminan?
Miércoles: ah, esos días. Esos miércoles en los que tengo un módulo de Moreno Frers, una hora de Ethel y tres horas de Tomé. Esos dolorosos miércoles, en los que me levanto a las 7 (preparándome para ir a hockey, como los lunes) intentando tener un autoestima bastante alto para evitar ofenderme ante los puñales de Moreno, puñales con forma de palabras. A la tarde a inglés.
A la noche sueño. No hay una sola noche en la que no duerma sumergida en sueños. Es la única parte de mi día que no es un simple proceso planeado, es único e irrepetible, cada uno de ellos, cada una de esas imágenes, de esos recuerdos. Hasta que me despierto y me doy cuenta que las maravillas de la vida se me escapan por la cómoda trampa de la rutina.
Jueves: Acción Solidaria, con una profesora que pretende que yo llegue al pelle a las 9. No puedo llegar a las 12.40, voy a llegar a las 9? Pero bueno, más allá de eso, un día normal. A la tarde llego a mi casa lo más temprano posible y duermo. Ah, qué lindo es dormir!
Mis semanas se terminan sin más. Los fin de semanas para mí no existen. Y si existen están ocultos por unas gruesas capas de actividades planificadas, semanalmente. Me doy cuenta que no vivo muy seguido de impulsos, y quiero hacerlo. Bah, me acuerdo cuando lo hacía, hace solamente unos meses. Quedan pocos días y en el final de todo esto me doy cuenta de que las personas clásicas no son nada más que un manojo de rutina, ideas y tradición. Yo quiero ser mucho más que eso.
Viernes: otro día glorioso en el que me levanto medianamente tarde. A las 11 está bien para mí, aunque admito que me sigue costando hacerlo. Llego tarde al pelle, como el resto de los días, y entre agujas y relojes, termino mi jornada. Después inglés y por fin termina mi semana. Ah, cierto, no. Los sábados a la mañana están reservados para hockey; a la tarde tengo reunión de Aspirantes; los domingos a la tarde reunión de Prejus, y con eso creo que concluyo mi rutina. Nah mentira, nunca se concluye.
El tic tac de los relojes parece un ratón que roe el tiempo.
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