Mira su muñeca y empieza. Se acuerda de aquella partida de truco, un micro, un campamento. Una amistad y muchas risas. Un motor de arranque y una desilusión. Se detiene. Arranca nuevamente y ya está sobre la carretera de una relación. Risas. Risas. Risas. (Llanto). Risas. Se rompe. Llantos. ¿Amistad? Risas.
Fue la muñeca izquierda, desde luego, la que él eligió. La sujeta con la otra mano cada vez que se sumerge nuevamente en sus memorias. Es que le hace bien, simplemente eso. El olvido y el perdón caminan a su lado. Poco a poco se va amigando con estos dos que había dejado atrás antes de aquella pincelada, porque no los necesitaba como compañeros.
Mira su muñeca nuevamente e intenta recordar de nuevo junto a sus dos cómplices. Se acuerda de aquella partida de truco y el campamento. Una amistad y muchas risas. Un motor de arranque y la carretera. Todo era risas hasta que se rompe. Llantos, amistad y desde luego, más risas.
El tiempo y el olvido son como hermanos gemelos. Ella misma lo había predicado, mucho antes de todo, antes de la partida de truco. Y sin intención de mentirse, hace caso a su predicción. Sin dejar de mirarse la muñeca, se va alejando. Entonces, se acuerda de la partida de truco, las risas y la carretera. El resto de los recuerdos quedaron en el primer cajón, junto con muchos otros, excepto la muñeca, esa no. Esa va a permanecer para siempre. Símbolo de que los recuerdos existen, pero no es necesario recurrir a ellos. Inventa una amistad y con ella intentará lidiar el resto de sus días. Nuevamente sin intención de mentirse, pero lo hace de todos modos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario