No, la verdad que no lo parecen. Simplemente lo son. Los días son todos iguales, la misma mierda, el mismo gris. Creo que fue en un tweet el que me dijo que dependía de nosotros y de nuestras acciones hacer que un día fuese diferente, quizás original. En mi caso, dependía de cuántas sonrisas te dedicaba.
Eso era lo que me gustaba, es algo de ese tinte de color que tanto extraño. Antes duraban más. Me refiero a los días, creo que nadie más lo notó. Era yo la única ilusa que andaba por la vida sonriendo, sabiendo que hoy su día tenía una hora más que podía aprovechar para pensar un poco más en él. Y ya no importaba si me tomaba el 106, el 109 o si tocaba hoy la lucha por entrar en el Subte B. No tenía sentido cambiar de colectivo porque los días de por sí tenían un tinte diferente. Eso era en el antes. (¿Antes de qué?). De la pincelada gris.
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