sábado, 17 de noviembre de 2012

Nosotros III - Polvo

Es inevitable para mí no expresarme acá, en este blog, en estas palabras, cada vez que alguien o algo genera una alteración en mi estado emocional. Así que simplemente lo voy a hacer, sin depender de quién lo lea o qué pueda llegar a pensar el que lo lee. El que quiera que lo tilde dentro de mi lista de "impulsos" (la cual es bastante extensa), y sé que habrá otros que lo ubicarán en la de "cagadas que me mando sin pensar". Lo dejo a tu criterio.

Comprás el primer libro y entusiasmadísimo lo empezás a leer. Los primeros capítulos generan intriga pero no tanto como para tirarse a la pileta sin haber llegado al primer nudo. A medida que avanzás y vas protagonizando vos mismo la historia, se va poniendo interesante. Pero llega un momento en que leer se hace un vicio y la mitad del libro te lo fumaste en una noche. Trata sobre una guerra. La llaman la del "yo más". Son dos ingenuos de la vida, apenas aprendices, que pelean por quién se ama más. Termina ganando la ingenua mayor y ahí es cuando llegás a esa parte donde dice "Fin del primer libro". Obviamente, con la intriga al máximo y ganas de leer el segundo.

Resulta que para que salga el segundo libro falta muchísimo. Y si es que sale, te olvidás de comprarlo. Y si lo comprás, lo perdés. O te aburrís al principio, no querés saber más nada de la historia. Ahí queda, en tu escritorio, lleno de polvo, acompañando a esa carta que un día escribió la ingenua mayor pero no abriste. Al lado está el primero, que por lógica ya ni te interesa

Entonces esta historia termina para vos. ¿Final? No, no tiene. Es que simplemente dejaste de leerla, te das por vencido. Una sola palabra más haría mucho daño pero marcaría una diferencia gigante entre tirar la toalla y ponerla a secar. Pero la ingenua mayor sigue esperándolo, quiere saber el final y no se va a cansar hasta conseguirlo. Se pregunta cómo se puede empezar una historia y cortarla sin siquiera terminar por completo el párrafo. Pero entonces lo acepta y empieza su nuevo libro. Algo obligada, pero lo empieza al fin. No contiene palabras ni ningún tipo de dibujo, sólo hojas en blanco. Rellena la primera con la lágrima que dejó aquel libro empolvado y en la segunda escribe "Primero yo". Sabe que su amor no termina acá, pero se despide del nosotros.

Y citando lo que meses atrás había razonado, escribe como título del libro "No tengo miedo del mañana, porque vi el ayer y amo el hoy".


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