miércoles, 14 de noviembre de 2012

1+1 y 1/2

Dos. Desde una lágrima hasta una sonrisa. Para llorar se necesita alguien, o bien para que te consuele, o para causar el llanto, da igual, siempre es de a dos. Para reír resulta el mismo método. Hasta aquel loco que se ríe necesita de alguien de quien reírse. Ese de allá, el de la izquierda, el que está medio embolado, ese. Sí, ese necesita alguien que lo haga reír. Y ni hablemos de amar. El que ama es amado, no hay con que darle. Y el que no recibe amor a cambio, simplemente no ama, o no corresponde.

El significado de este número es una simple fusión. Simple porque lo único que hay que hacer es entregarse. Lo complicado viene después, en el resultado, quizás en el final. En los malos finales. Pero algo debe estar mal en esto de las cuentas. Uno más uno puede llegar a ser igual a dos. Pero al dividirse ya no son uno y otro. Son dos en uno, dos mitades. Porque la fusión de dos personas da como resultado dos medias personas.

Y lo peor es que ahora soy menos que uno, porque la mitad de mí se fue en tu pecho.

Es por eso que las buenas historias no tienen final, porque aún se están viviendo. ¿Finales felices? No, esos no existen. Si es una historia feliz nunca termina, porque ninguno de los dos se cansa, ninguno se equivoca, y si lo hacen, se perdonan. Porque simplemente no tendría motivos para llegar a su fin. Los finales felices son sólo historias sin terminar. 

Aún así, cualquiera sea el final que tenga, un comienzo no desaparece nunca. Cuidado con las historias que decidas empezar.

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