martes, 1 de enero de 2013

Tantas veces había llorado por el mismo motivo que ya no le asombraba aquella lágrima en su mejilla. No servía pensar, no quería hacerlo: ya había pensado suficiente. Aún así, una parte de ella sabía que en un momento como ser el comienzo de un año, lo mejor que podía hacer era sonreír. Imaginó reflectores, luces, miradas y dedos señalándola y con todas sus fuerzas ofreció a esa multitud la más sincera sonrisa. Ocultó sus peores recuerdos; en parte porque el olvido contagió sus memorias, en parte porque dolían.


Cuando escuchó el cese de los fuegos artificiales lo entendió: había sido su última lágrima.

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