sábado, 5 de enero de 2013

Tristes armas (si no son las palabras)

Hacía mucho tiempo, no sé bien cuánto, que no decía las palabras justas. Intentaba escribir en tercera persona para no tener que hacerme cargo de mis propias reflexiones, no quería fallar, sabía que iba a hacerlo. Me costaba ser capaz de hilar palabras y formar algún tipo de oración coherente, pero me costaba aún más creer que a otra persona le podría llegar a servir mi mensaje, y pudiera entenderlo.


No puedo recordar con certeza cuándo. Bah, nunca me acuerdo cuándo. Antes sí, antes lo sabía. Hubo un lapso de tiempo que se basó en acordarme cada detalle de cada vuelta de reloj. Me acuerdo de esa semana y después me perdí. Me resigné completamente a memorizar fechas y entendí que no servían de nada los números ni el contar de los días, supongo que por el motivo de no querer saber los días que habían pasado desde mi derrota. Pero tuve que renacer, sacudirme el polvo, salir a caminar. Especialmente caminar. 

Ver a una amiga sufrir me dio la obligación de colocarme en un lugar de espectador "ex-protagonista". Tenía que salir de mi burbuja, asumir mis causas, consecuencias, y con todas las fuerzas y todas esas fechas escapándose por la memoria, hilé las palabras justas y necesarias para su bienestar. Y en cada palabra había una parte de vos, lo que me había dejado tu enseñanza. Y ella sonrió.

No hay comentarios:

Publicar un comentario