"Empezar una relación a tu edad es un camino de ida a la derrota. O pierden juntos, o pierde uno y gana el otro. "
Quiero desmentir esta frase. No es extraída de un libro, no es de un autor célebre, pero les puedo asegurar que su remitente es alguien con mucho valor sentimental para mí. Fueron menos de 24 horas atrás en donde me dí cuenta de lo falsa que era. Claro, no creo que haga falta aclarar antes de esto yo me encontraba dentro de la segunda burbuja de perdedores: había sido la perdedora y ganó "el otro". Sin embargo, a través de todas las experiencias recolectadas, algunas buenas, algunas no, obtuve para mí misma algo tan simple y necesario como alcanzar la cima, que no es nada más ni menos que un nuevo camino con una meta un poco distinta.
Es como empezar a jugar una partida desconocida. No se conocen las reglas, los oponentes y mucho menos su estrategia. Estadísticamente hablando, es altamente probable que la derrota esté acompañándote a tu derecha para el final del juego. Hay quienes desconocen de esta presencia, y quienes no. Aquellos que la tienen en cuenta son los que logran alcanzar la gloria, y siguen jugando con el simple motivo de descubrir poco a poco el juego, llegar a sentirlo, entender finalmente los objetivos y quién dice, alcanzar la meta en alguna partida a futuro. Son los que perseveran y luchan por el saber, los que eligen vivir al ritmo del presente ese conocimiento. Entonces, al final de esta partida, este luchador se llevó algo más que una simple pérdida. Este luchador, a su manera, supo ganarse la victoria.
Así pasó conmigo. Finalmente supe sacarme esa pulsera, referencia metafórica de la mochila de mis recuerdos. Ahora cada paso cuesta menos, cada sonrisa es un poco más real. Supe perder para ganar, y si antes estaba bien, hoy me siento mejor.
La gloria a veces sabe bastante incierta.
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