Estabas lejos. No sé qué tanto, pero lo suficiente como para extrañarte. Estabas lejos y al lado mío, separados por un almohadón que habíamos dejado caer ahí sin querer queriendo. Mirabas la tele y me mirabas a mí, cada tanto, como para hacerme sentir que no te olvidabas. Pero estabas callado. El techo, la tele, mis ojos. Ese era el patrón de movimiento de tu cuello, que inquieto parecía guardar más palabras de las que había pronunciado. Estaba extrañándote aún teniéndote al lado mío. Tu cuerpo estaba acá y tu mente, allá, lejos, y de vacaciones.
Un alma enamorada necesita más que sólo presencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario