Me atrevo a decir que nada me empalaga y me gusta tanto como tus labios. Que nada me hace ir y volver mil veces como tu sonrisa, que me desarma y me vuelve a armar. Que nada me gusta tanto como tus brazos, que me enseñan a volar y al mismo tiempo me abrazan sin intención de dejarme ir.
Los besos de tus labios, la felicidad de tu sonrisa y los abrazos espontáneos: no se necesita tanto para ser feliz.
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