miércoles, 22 de abril de 2026

La última coincidencia

No nos alejaron las avenidas,
ni tampoco las circunstancias,
mucho menos los “no se puede”.

Fue haber puesto órganos distintos
en las decisiones difíciles.

Cuando mi intuición me convencía,
cuando mis elecciones se imponían desde el corazón,
como esa brisa tibia de lo que se siente correcto,
como esa sonrisa involuntaria
que aparece cuando te imaginás
la vida entera contenida en un recuerdo,
vos abrías una hoja en blanco
y empezabas a enumerar razones.

Pros.
Contras.

Como si el amor pudiera ordenarse
en columnas prolijas.

Nos alejamos en lo importante
con la misma intensidad
con la que nos encontrábamos en lo simple.

Un corazón intenso
nunca aprende a negociar con un cerebro calculador.

Yo esperaba el día
en que dejaras de medir las consecuencias,
que rompieras esa lista
y eligieras, aunque fuera una vez,
el vértigo.

Que apostaras
no a lo correcto,
sino a lo que nos hiciera felices,
aunque estuviera lleno de contras.

Pero vos elegiste la certeza.
Y yo,
yo me quedé con todo
lo que no se puede calcular.

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