miércoles, 15 de agosto de 2012

A esa línea que separa mal-bien, sentir-sufrir, la camino por el borde.

Dos extremos: a la derecha, el amor. Lleno de flores, peluches, almohadas con forma de corazón, vos, noviazgos y exceso de azúcar. Hacia la izquierda, el deseo, una parte tuya, con ninguna posesión, nada material. Simplemente dos cuerpos, alguna que otra caricia y muy pocas miradas. En el centro, una línea. Ahí estoy yo, en esa línea que separa el deseo del amor. ¿Y a qué pileta me quiero tirar?.

Camino un paso y me choco contra una pared. O bien me olvido de mirar, doy un paso atrás y caigo al abismo. Cada metro que avanzo resulta ser en falso. Retrocedo, me fijo qué onda, y sigo estando en la misma línea; con la cara rota de tantos muros de ladrillos enfrentados y el cuerpo débil de tantos vacíos que tuve que afrontar. No me sirve mirar hacia adelante. No me sirve mirar atrás. Lo que necesito es dar un paso hacia el costado, elegir un extremo.

Pero no estás, ya no te veo. Siento como te alejás y pierdo mi oportunidad. 
Y voy a tener que acostumbrarme a caminar por esta línea. Cayéndome, chocándome y aprendiendo hasta saber exactamente a dónde tengo que pisar. Y confío en que en ese paso vas a estar vos, agarrándome la mano. Y sé que en ese paso vas a estar vos, agarrándome la mano. Y en ese paso vas a estar vos.

Y entre el blanco y el negro

Y entre el deseo y el amor
Yo me quedo con la línea.

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