miércoles, 10 de octubre de 2012

Nosotros I - Cerré los ojos y volví a soñar

Quizás los sueños no existan, en una de esas son una simple fantasía, un desliz de la realidad, un simple escrito sin final que llega, ilusiona, y se va. Quizás todos tenemos una visión muy distorsionada respecto a qué son los sueños. Quizás y sólo quizás, no hace falta cerrar los ojos para soñar.

Es difícil decir cuándo empezó todo esto, quién prendió el motor de arranque o quién fue el que dio el empujón una vez que había frenado casi para quedarse. Me acuerdo de Luján, me acuerdo de banderas en lo alto, escudos de Acción Católica, una misa, algún micro compartido, una partida de truco y hasta ese gorro que me pediste prestado. Pero me dormí. Ni bien llegué de las asambleas me recosté en mi cama y tuve el sueño más largo de... no sé de qué. Simplemente fue largo, casi incomparable, difícil de describir. Una pesadilla con un final feliz, si es que existen. Y si no, existen ahora. Empecé a soñar.


Te veo en todas partes. Escucho hablar de vos, hablo de vos y me escuchan. Me dicen que me flechaste y no les creo. Entonces llega el cumpleaños de Sofía y ahí estás. No pasa nada. Me comentan sobre A. Me informan también de B. Y me hago la cabeza. Pepi me cuenta, me dice que sí, que no, que no, que no. Llega el cumpleaños de Mora. Y también estás ahí, pero ¿de qué me sirve si total ya sé que no?. Decido tirarme a la pileta y ahí estamos, en el balcón, yo, ahogándome en el saber de que era B, vos, pensando en A. Y dicen que hasta ahí llegó, terminó, fin del sueño. Escucho un murmullo, me piden que me despierte, pero está en mí: yo decido seguir soñando. Llega el cumpleaños de Shadia, pero ¿para qué pensarte, soñarte, si vos no vas a estar ahí? Pero estuviste. Apareciste de repente. Y no somos nada, seguimos sin serlo. Mi fantasía se nubla y el celeste se fue. El karma de la memoria no olvida que soy una pésima nadadora y se aprovecha para ahogarme en recuerdos que ya no puedo distinguir. Veo una terraza (o quizás es el mismo balcón. No, definitivamente es una terraza. Yo ya estuve acá), una luna que amaga con ser un sol, Ezequiel en una esquina y nosotros dos en el medio. A y B dejan de existir, están ahora en el fondo de la pileta. Me acuerdo de un beso y sé perfectamente cómo empezó, pero no puedo recordar el final porque de repente me despiertan. (¿o será porque no tiene?)

Martes 2 de octubre y veo la luz por primera vez en mucho tiempo. Por fin abrí los ojos, logré escapar del sueño más largo de... ¿fue un sueño? ¿dónde estuve yo en ese lapso? ¿tiene un tiempo determinado? no sé. Me encuentro en la casa de Morsi, con él agarrándome de la cintura y preguntarme si quiero. Si quiero. ¿Quiero? Sí, quiero. Y cerré los ojos abrazándolo firmemente. 

Entonces abro el nuevo capítulo en el aún corto libro de mi vida en donde el tema principal pasás a ser vos. Vos y yo. Nosotros. Así se llama. Nosotros.

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