domingo, 21 de octubre de 2012

Historias I - Ana

Sentada en una silla se pone a pensar en aquel Andrés. Nunca volvió a sentirlo, y digo sentirlo porque sí lo vio. Solamente en sus sueños, pero lo vio.  Sola, en su cocina, reflexiona. A veces piensa en aquellas cosas que evitó y sonríe, pero se ahoga entre risas y llantos cuando cae en la cuenta de que no le importaría haberse bancado un par de clavos más con tal de que él esté acá.

La llama todavía existe, no cabe duda. Se estaba apagando. Bah, se apagó. Como esa vela en la torta de cumpleaños que hay que apretar con las yemas de los dedos para así apagarla completamente. Así, como esa vela que nadie apretó, queda la esperanza que todavía Andrés pueda volver y avivar la llama. Ese punto rojo, medio anaranjado, crea su llama de esperanza.


Sigue en su cocina. Cansada de tanto lidiar con ella misma, deja de pensar. Simplemente pone su mente en blanco y mira un punto fijo. Sigue mirando. Y sigue. Hasta que escucha unos pasos. ¡Es él! ¡Vino por mí!, piensa. Los pasos vienen hacia ella por el largo pasillo que conecta el comedor, la cocina y finalmente el living. Se siguen escuchando. Cada vez más cerca, hasta que casi la tocan. Casi, porque no lo hicieron, porque algo pasó, algo hizo que los pasos siguieran de largo, y entonces se fueron. Ahora se escucha cómo llegaron hasta el living, abrieron la puerta y se fueron. 

Todas las noches los escucha pasar. Es el momento más lindo de sus días, una brisa, un sueño que trae a Andrés por unos segundos, y después se lo lleva. Esa ilusión es el causante de la sonrisa de Ana todas las mañanas.

Pero una noche el mar cesó y los pasos frenaron muy lejos de ella. Sin embargo, la brisa volvió, pero esta vez en forma de tormenta y sin sentir ningún caminar. Tan fuerte fue que ese punto anaranjado lleno de esperanza dio paso a la oscuridad. La llama se apagó y entonces, como cualquier otro, su corazón dejó de latir. ¿O acaso se puede vivir sin amor?

Ana, viva en estas palabras, se arrepiente de haberse quedado sentada esperando a que los pasos la toquen. Se arrepiente de no haber corrido a buscarlos, de no haber caminado al lado de ellos. De no haber caminado al lado de Andrés. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario