Como si hubiera sido ayer
Últimamente tuve que aprender a convivir con una parte de mí misma que no me resultaba para nada familiar. Era como poseer los pensamientos de una completa desconocida, como compartir los ideales que nunca decidí adoptar, como divagar en reflexiones noches enteras por miedo a que mis conclusiones sean más ajenas a lo que ya son. Tuve que aprender a comunicarme con esta nueva persona, descubrí que le gustaba escribir, que definitivamente no era buena tocando el piano, que quería estudiar canto en algún momento de su vida. Compartí sus frenesí de sueños, algunos muy utópicos, otros no tanto. Tuve que caminar del lado de la traición, acariciarle la mejilla a la mentira, incluso hasta llegué a rosar los labios del engaño. Tuve que sacudirme el polvo y desprenderme de todo lo que me mantenía atada a ese octubre inolvidable. Supe que tenía que aprender nuevos idiomas, adaptarme a un nuevo ritmo de caminata, conocer otras formas de expresión. Y entonces lo hice. Desde tomarme ese colectivo que tantas cosas revivía, hasta cerrar finalmente nuestro baúl de los recuerdos.
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