Pasó toda la noche mirando su retrato una y otra vez con el fin de probarse a sí misma que sus sentimientos habían desaparecido completamente. Continuó insegura, mirando el mismo punto fijo en la fotografía. Cada suspiro traía un nuevo recuerdo; de repente todos sus momentos juntos despertaron alrededor de Ana, acorralándola, casi amenazando con que esa noche no terminaría nunca. Sin refugio, decidió continuar mirando, tenía un punto que probar. Las horas pasaban cada 60 minutos. "Qué lindo es tener al menos una certeza", pensó. Sin embargo, aquellos relojes desafiaron los límites de toda línea temporal que ella creía conocer, y de alguna manera el sol se asomó por aquel horizonte y así pudo ver el amanecer. Fue en este preciso momento cuando lo entendió: seguía enamorada de él.
sábado, 2 de marzo de 2013
Historias II - Ana
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me gustaria que nos cuentes quein es esa ana de la que tanto escribis, lindo relato, saludos
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