Creí haber descubierto la razón por la cual no podía olvidarte, creí saber que esa razón se debía a que, antes que nada, debía olvidarme de olvidarte. Mala decisión. Durante un tiempo dejé de pensar, casi sin darme cuenta, y entonces nadie (ni siquiera yo) sabía que había elegido olvidarte, porque ahora era diferente: ya no formaba parte de mis reflexiones, no caminabas en mi mente día y noche. Pero ese día perdí. Sí, como el juego "del perdí": cada vez que te acordás del juego, perdés. La única forma de ganar es no saber que el juego existe y, sobre todas las cosas, lo único que significa ganar es lanzarse a la deriva del olvido, inconscientemente. Así fue con tu recuerdo. De a poco se fue desvaneciendo, empecé a reemplazarlo por nuevos pensamientos: hockey, mis amigos, decoré mi habitación, empecé a leer más, miré fotos. Estaba ganando, sin saber siquiera que había una posibilidad de derrota, olvidándome por completo de la existencia de este juego. Hasta que me acordé la razón por la cual elegí mi horario de contabilidad. Algo tan simple como eso me hizo tragar esa gota de veneno que siempre ignoré pero seguía existiendo, y pasando totalmente desapercibida, mi ilusa ilusión me hizo creer que podía olvidarme de olvidarte. Nuevamente me tocaba gritar:
muy bueno
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