Todos tenemos un pasado que contar. No importa su distancia hacia la realidad, no importa si ocurrió hace 10 años, 20, o si fue ayer, ya que apenas terminamos de vivir el momento, éste se une al tren de nuestra historia e inmediatamente pasa a conformar la esencia de quienes somos. Porque no somos más que nuestro pasado, lo que está debajo de nuestros pies, lo que recolecta todas nuestras experiencias vividas, las convierte en aprendizaje y define qué clase de persona aprendimos a ser. Porque hasta esos trapos sucios que poco importan en el mundo tienen un pasado. Quizás fueron una remera vieja de algún recital que alguien quiso usar como piyama. Quizás alguna media, una de algún deportista, quizás este trapo lleva detrás algunas carreras ganadas, canchas enteras recorridas, algunos goles. Y quizás no. Pero de lo que sí estoy segura es que el pasado importa y no se trata sólo de no mirar atrás, sino de no necesitar hacerlo, porque estamos seguros de quiénes somos y cómo llegamos a serlo. Y no nos arrepentimos. Mi pasado es un prólogo, allí está la historia de mi futuro, y quienes no son capaces de recordar su pasado, están condenados a repetirlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario