domingo, 12 de mayo de 2013

Una margarita con pétalos pares

Fue una noche de insomnio. Buscando algo para hacer, cualquiera sea su objetivo, intenté hilar recuerdos. Por diversión, por ver qué recordaba, porque nunca viene mal hacer una cuenta regresiva y pensar. A ver qué se formaba, qué parte de mis memorias eran plenamente mías, y qué parte plenamente tuyas. Confirmé una vez más que mi memoria no era tan confiable como creía: me había olvidado de sus abrazos, de cómo se sentían sus besos, de sus palabras. De las palabras que me había dicho ese día, y de las que no también. Me olvidé de todo lo que me hacía sentir tan viva por las tardes y tan "no me importa si muero acá" ´por las noches. Me olvidé de lo mucho que me gustaba ese irónico espejismo que termino de confundirme en un falso intento de entenderlo. Lo único que quedaban eran lugares y momentos a los que no les faltaba más que unos pocos días para desvanecerse por completo. 
Hasta que llegó el día de hoy. Pasaron varias noches más. A cada una recordaba una buena historia y, si el insomnio estaba nuevamente de mi lado, se la contaba a mi almohada que tantas otras guarda ya. Pasó el tiempo y lo eterno y duradero se fue en aquella tarde, con esas palabras que ya poco me importan, tan crueles y sinceras a la vez. Se fue con mis memorias, que quizás no me importen porque no las recuerdo, pero cuál es el caso de seguir cuestionando si al fin y al cabo, la respuesta ya me la olvidé. Aquello que yo creía eterno, se fue con mis ganas de recordarte. 

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