Apenas horas después de darse cuenta que su cariño y afecto por él estaba floreciendo en algo que algunas personas llaman amor, tropezó. Su aterrizaje no fue el mejor, definitivamente. El tropezón se había vuelto en caída, se estrelló contra el piso y allí sigue: sin fuerzas para levantarse, sin nadie que la ayude, con miedo a pararse y perder el equilibrio, otra vez. Se amaron hasta donde pudieron, hasta donde la vida los dejó llegar. Hoy su deja vu la persigue, es el karma de aquel encuentro que no supo concluir tan viril e interminable, tan claro y con necesidad de más agua. Hoy se siente desprotegida al encuentro con su desamor. Hoy no encuentra título para esta entrada, pero sí una fecha que describa su situación. Hoy no puede creer volver a sentirse así: sola.
nunca terminara esta ilusión. nunca escuchara su voz pero lo ama. haces mi vida que cambie
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