Hay poca gente caminando por la calle. No logro distinguir si es esa casualidad dominguera que vacía tanto las avenidas o si la tristeza se contagió también por el barrio. Sé que no comprenden lo que a mí y a muchas personas les está pasando, sé que no comprenden lo que a él le pasó, pero de alguna manera comparten mi dolor. Bajo la mirada y sigo caminando lentamente, sin querer llegar a ningún lado.
Hace ya varias horas que me duele el pecho, la cruel noticia nos devastó a muchos. Mi mente, a mil por hora, no para de cuestionar casi retóricamente. Se pregunta que por qué a él, que por qué a nosotros, que qué hace Dios con un alma tan hermosa y gentil allá arriba, que para qué la quiere si nosotros la querermos más, que qué sera de nuestra insegura vida si él la tenía visiblemente asegurada y aún así no pudo contra esa mala suerte con la que el destino juega a apostar. Que por qué. Que para qué.
En unas horas voy a reencontrarme con vos. De algún lado tengo que sacar algo de valentía para decidir subirme, vestida de negro, a ese colectivo que no lleva a ningún cielo, sino todo lo contrario. Me lleva a las malas pases que emplea la tierra, a sus desventajas y sus miserias. Me lleva a la agonía y nostalgia que se siente al recordar. Aún así, aunque me cueste, aunque me duela, aunque me quiebre y aunque no pueda, voy a ir porque necesito decirte unas cosas.
Que ningún accidente de tránsito me va a decir ni a mí ni a los que te quieren que vos no vas a estar más. Que ni el diablo ni la muerte van a apostar con tu destino. Que si es así de frágil nuestro cuerpo, entonces no era lo más valioso que tenías. Que vos sos fuerte y que seguís estando. Que mi amor por vos crece y crece cada día que me separo de aquel campamento que vos de alguna manera aportaste para que sea tan especial. Que a tus últimas palabras, a ese "nos vemos" que me dijiste, le respondo que allá voy, que lo vamos a cumplir, que ninguna palabra quedará en el aire porque vos no estás en él, sino que adentro nuestro. Esperame, ahí voy, al reencuentro con vos.
Porque vos, Diego, sos eterno.
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