martes, 28 de enero de 2014

Lo escrito será eterno

Mientras caminaba por la avenida vio su cara en algún reflejo de una vidriera que nadie había visto. Era ella y sólo ella, reflejada en la pared, y aún siendo este un hecho tan poco relevante pudo sentirlo. A un paso una oración, y a cada comienzo daba sangría. Entendió que alguien estaba plasmando su historia, probablemente alguien que no le interesaba, que jamás había visto, alguien que, sentada en algún cordón de una calle que nunca pisó, en un barrio en el que, según las historias, no se puede encontrar, sino sólo ser encontrado por él, escribía anécdotas incontables que otra persona habria jurado en algún momento poder olvidarlas. Sintió cómo su sangre fluía y su cuerpo se encontraba completamente estremecido. Nunca estuvo tan viva, aún entendiendo que no era más que un simple producto de la imaginación de ese alguien que no va a poder conocer. Y ella nunca se va a enterar de que yo, sin conocerla tampoco, me sentía un poco más viva con sólo escribirla, con sólo inmortalizarla.

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