Fue a las 00:00 cuando abrí los ojos y vi un poco de luz. En mi celular había pruebas de que a las 23:54 le había respondido su mensaje diciéndole que lo amaba, por primera vez. Entonces entendí que, a partir de ese momento, nuestro amor se habría vuelto capaz de pausar el tiempo.
miércoles, 2 de abril de 2014
Pausa
23:54. La novela estaba en espacio publicitario y me había dado lugar a pensar algunas cosas. Quizás no muy importantes, pero que debían ser reflexionadas porque, de alguna manera, venía escapando de ellas. Y lo hacía bien. 23:54. El reloj del canal marcaba esos números que, por diferentes motivos, me parecían poco reales. Era la forma de los dígitos que no terminaba por convencerme, o la lentitud con la que pasaban los minutos, o probablemente el color blanco de ellos y al mismo tiempo su fondo, del mismo, que terminaba de confundirme. Algo pasaba, y de eso estaba segura. 23:54 y recibí un mensaje que provenía de él. Había sido mi compañero de vida un par de meses atrás y hasta el día de hoy lo mantenía, casi a la perfección, cuidándome y manteniendo una sonrisa permanente en mi cara a cada minuto. No sé cómo lo hacía ni me interesaba saberlo, simplemente pasaba. 23:54. De pronto comencé a extrañarlo, sin motivos. Lo había visto hace pocas horas, y también el día anterior, y el anterior a ése, pero quería más. Quería verlo mañana, y pasado, e imaginar una semana con él, un mes, un año. No soy fanática de las proyecciones pero esta se me hacía inevitable. 23:54. Empecé a notar un aire denso, ansioso pero a su vez, obligado a frenar, y así era con mi vida. Esto que estaba necesitando reflexionar llegó en el momento adecuado en que el tiempo se sentó a mi lado a esperarme, sin presiones y dándome cuánta libertad yo quisiera. 23:54. Algo raro estaba pasando. Adentro mío y a mi alrededor. Comencé a sentirme un poco incómoda. 23:54. Mi mente quedó en blanco, distraída por los minutos, por el reloj. 23:54. No aguanté más, tenía que admitirlo, tenía que hacérselo saber. 23:54. En los últimos indefinidos minutos me había dado cuenta de que lo que provocaba en mí era real. Necesitaba decírselo. Y entonces todo se apagó.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
el primer te amo nunca se olvida, lo plasmaste muy bien
ResponderEliminar