Dormías. Inquieto, angelical, bonbadoso. No sé cómo lo hacías. Observé tus párpados cerrados anhelando que despertaras, así podría ver tus ojos verdosos, aquellos que me miraban de una manera que nadie lo había hecho. Quería decirte al oído muchas cosas, quería que ese brazo que me rodeaba me apretara más fuerte, quería permanecer en este momento para toda la vida. Pero no podía, el tiempo avanzaba, y nosotros avanzábamos con él. Noté que te movías como con ansias de despertar, y yo, malvada, estiré el cuello y lo más rápido que pude te besé los labios.
"Sos muy linda" me dijiste al oído y en sólo cuestión de segundos me enamoré perdidamente de vos, deseando no despertarme nunca.
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