martes, 31 de enero de 2017

Como si fuera la primera vez

Recuerdo esas tardes de junio: era invierno pero no hacía frío. La misma incertidumbre de no saber qué ponerme era semejante al no saber si me gustabas en serio o era todo algún tipo de ilusión. Descubrí que cualquiera de esos extremos trataba de lo mismo. De esperar, de darle un respiro a la vida, de arriesgarme de una vez a pedir tres y no dos sobrecitos de azúcar en mi café, y por qué no, probar el té alguna vez en mi vida. Descubrí también que con esperar no sólo iba a conseguir sanar algunas yagas que seguían algo abiertas, sino que también podía cerrar puertas, abrir ventanas, correr un poco e intentar alcanzar las estrellas. Lo conseguí. Es poco creíble, pero lo conseguí. Hoy abro otro de mis tantos capítulos en el libro de mi vida; uno de felicidad completa y contagiosa, uno donde no soy yo la protagonista, sino él. Y qué fácil lo hace; con sólo sonreír o hacer uno de sus tantos chistes malos me llena el alma. Vuelvo a sentir mariposas en la panza de sólo mirarlo, al punto que describir el placer de poder corresponder todo lo que me pasa sería inalcanzable. Vuelvo a encontrar a esa querida amiga que me abandonó algunos meses atrás, a esa antigua personalidad que había formado con años de darme amor. Vuelvo a querer probar, correr, gritar, cantar. Sonrío y sé, con completa seguridad, que sos el causante de tal milagro. Y doy gracias a quien tenga que agradecer por volver a cruzarte en mi camino. 

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