Era como levantarme todas las mañanas y ver a otra persona en el espejo. Me desconocí durante meses, desconfié de esa silueta que estaba ahí a diario lavándose los dientes, repitiendo exactamente cada mínimo movimiento que yo hacía. Mi rutina era bastante particular, y cada tanto me resultaba completamente extraño que otra persona pudiera habérsela aprendido a la perfección. Pasaban los días y nada. Meses. Negada.
Quizás había que aceptarlo tarde o temprano: había cambiado. Me veía a mí misma ahí, en el reflejo, completamente distinta, y debo confesar que me daba envidia. De su seguridad, su firmeza, su felicidad con la que hacía absolutamente todo: se peinaba, se cepillaba los dientes y, sin pensar demasiado -seguramente por su extremada confianza- se iba a trabajar. O a donde sea, pero se iba. Había días que resultaban un poco más difíciles que otros, pero ahí estaba ella, como si el pasado poco le importara, como si nunca le hubiera pasado nada malo, como si saliera todas las mañanas a llevarse el mundo por delante.
Es hasta hoy que sigo hablando en tercera persona. La veo a ella, enamorada y radiante, y se me mueve el piso. Debo decir que me encantaba ese sabor agridulce de no saber cómo soltar lo pasado, pero mirar ese reflejo y comprender que todo iba a estar bien.
Un día se levantaron juntos y los vi. Él y ella. Era la misma rutina, o casi, porque ahora había que agregar que él se ponía un poco de gel en el pelo y ella le estaba atrás apurándolo para irse a trabajar. Lo vi en sus ojos, lo entendí después de meses y meses de mirarla atentamente.
Al su lado estaba el motivo por el cual me desconocía de tal forma. Y se notaba, porque yo veía cómo la miraba, y claro, me cerraba. ¿Cómo no sentirse segura, firme, feliz, si no había mañana que no se fuera de su casa sin un "buen día" del hombre que más amaba?. Sí, definitivamente había encontrado la respuesta: estaba enamorada. Y fue recién entonces cuando me pude hacer cargo de semejante sentimiento.
A diario me veo en el reflejo y ahí estoy. Ahí está ella, la pionera de esta nueva etapa. Me veo bien y me gusta, me gusto. Ojalá que nunca se terminen sus "buen día".
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