En estos días de empoderamiento es difícil dejar en manos de una sola persona la responsabilidad de hacerte creer que sos y vas a ser todo lo que te gustaría. Debería ser yo misma la responsable de todos esos efectos y, sin embargo, acá estoy: dependiendo de un piropo o halago que, como siempre, tengo que esperar sentada.
Andar recolectando amor de extraños nunca fue una opción, sabiendo que ellos quieren algo que yo no: ¿realmente me interesa la idea de lo pasajero?; pero la rutina había terminado de consumirme. Entonces decidí buscar alternativas que no me vuelvan a hundir en el mismo ciclo de siempre: enamorarme, recibir amor, devolverlo, y dejar de recibirlo.
No eras vos, era lo que representaban tus actos. Cada piropo, cada palabra de aliento, cada vez que me miraste y te mordiste los labios. Me hiciste sentir que no dependía de una sola persona para completar mi autoestima, más aún; me hiciste darme cuenta de lo completa que se puede ser con sólo cambiar el punto de vista.
Sentirse bien con uno mismo no es sólo cuestión de mirarse al espejo y gustarse. Me gustaría poder ahondar más en el término, pero es que se me hace imposible: sigo descubriendo qué carajo es y cómo se hace.
Sólo espero un día no necesitar que nadie me lo diga en voz alta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario