viernes, 27 de septiembre de 2019

Huella

Nuestras pieles hicieron contacto por primera vez como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. No puedo sacarme de la cabeza la sensación de calor que me hicieron sentir esos brazos que hasta ese momento jamás había visto. 

Coincidir en esta vida resulta imposible cuando no estamos en el momento adecuado y con las personas indicadas. Quizás sea por eso que atesoré ese instante durante tanto tiempo, anhelando recordar la impronta de tus acciones para luego identificarla el día que me volviera a suceder, si es que sucediera. 

A través de tu esencia logré reconocer un montón de partes mías que creí rotas: logré juntarlas poco a poco y mostrarte mis detalles, mis problemas, mis virtudes. Logré mucho en muy poco tiempo, y también arriesgué todo por segundos de caprichos de los cuales me supe arrepentir. Logramos muchas cosas juntos, pero por sobre todas las cosas coincidimos en ese momento cuando más lo necesitábamos: nuestras pieles, al ritmo de esos besos y caricias; la cálida luz del atardecer asomándose; la milimétrica línea que separaba lo prohibido de lo correspondido; el placer de dejarse llevar y finalmente; el sentir que somos tal para cual con sólo tocarnos. 

He llegado a reflexionar mucho sobre nuestra piel, y es que ella recuerda a pasos agigantados más que nuestra cabeza - quien hoy en día ha dejado de darme los mejores consejos -. Suplico a gritos respuestas lógicas a las preguntas que me surgen pero no las consigo: sigo encontrándome a diario con esas ganas de tocarte y volver a sentir que en realidad no es tu cuerpo lo que acaricio, sino el mismísimo cielo que rozo con mis manos. 

Recuerdo tus aromas y tus curvas como si me hubiesen obligado a memorizar el mapa de tu figura. Recuerdo tus movimientos, tus comentarios, tus mordeduras de labios. Recuerdo la forma en que me dibujaste el universo en un instante: te sabías todos sus recovecos, sus escondites y cuál era la mejor manera de ir descubriéndolos de a uno.

Me mostraste quién eras en cuestión de segundos, y es que no hacía falta leer tu currículum para conocerte. Se te notaba la transparencia a kilómetros: tu forma de expresarte y contar anécdotas daba por sentado que me abrías las puertas de tu vida de par en par y sin dudas deseando que pasara por un largo rato. Pero no me quedé

Dejaste en mi cuerpo una huella que me recuerda una sensación tan linda y placentera que me quedó la vara muy alta; y es que eso es lo que más me aterra: ¿será que me dejo llevar y lo volvemos a intentar? 

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