Lo que más me enoja es haber tenido la oportunidad de tocar el mismísimo cielo con mis manos y no quedármelo para siempre. Debí haberme congelado en ese instante, pero no podía atentar contra mis propios instintos: me gusta mantenerme en movimiento, innovar, crecer y crear a cada paso.
Tengo una sensación adentro mío que dice más de lo que parece: haber conocido al amor de frente me da una desventaja contra el resto de los mortales y es que yo ya no me voy a tragar cualquier historia de hadas. Tuve todo lo que pedí, no porque haya caído de la atmósfera, sino porque lo supe construir a lo largo de los años. Me esforcé con mucha dedicación para fomentar a diario buenos tratos, bueno valores; y por sobre todas las cosas le di todo a una persona que se encargó de traicionarme cada vez que se le presentó la oportunidad.
En el último tiempo debo decir que las traiciones fueron mayormente de mi parte: ¿estaba tratando de equilibrar el universo?. Era un sentimiento de enojo que me recorría el cuerpo constantemente, consecuencia de haberle puesto tantas ganas a algo durante tantos años y ver cómo la otra persona se encargaba de destruirlo voluntariamente, y sobre todas las cosas: resultando inmune.
Vi detalle a detalle cómo arruinaste nuestra historia en el largo plazo. Presté atención a todos tus impulsos, te acusé una y mil veces de haber estado saboteándonos (aunque sólo recibí negaciones de tu parte) y predije que esto sucedería cuando menos me escuchaste.
Las cosas suceden de a poco, pero un día te das cuenta que los cambios no eran tan leves como suponíamos. Sólo me queda el chiclé de decirte una cosa: te advertí.
¿Qué gané? La sensación de haber apostado años de mi vida con la persona equivocada
No hay comentarios:
Publicar un comentario