lunes, 25 de noviembre de 2019

Risa con ruido

Te miré fijo e indiscretamente mientras te reías a carcajadas de algún chiste en tu celular. Me despreocupé de mi intrepidez porque mi fanatismo hacia tu sonrisa ya era evidente; no lo intenté ocultar nunca. Te repetí una y otra vez lo cálida que me parecía tu mirada, la tranquilidad que sentía en tu manera de hablar y la frescura que me transmitían los momentos al lado tuyo. Con vos me divertía de una manera distinta que con el resto: estábamos en el equilibrio perfecto entre el romanticismo y la informalidad. No nos debíamos explicaciones pero tampoco teníamos problema en contarnos nuestras excusas; no nos hacía falta la compañía, pero siempre era mejor pasar el rato al lado tuyo que perdiendo el tiempo con algún otro plan de pocas expectativas. 

Disfrutaba cada minuto porque lograbas hacer que me olvidara de mis problemas. Me acuerdo el día que te conocí: me gustaste porque representabas esa alegría que siempre me caracterizó pero un mal día la perdí, o me la robaron. 

Relato ese momento como si hubiese durado una eternidad pero fue sólo eso: una carcajada. Si todo esto me lo generás con una simple risa fuerte, imaginate si tuviera que explicar lo que me causan tus besos. 

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