La actividad más rutinaria que se te ocurra se puede transformar en una aventura inexplicable cuando contás con la compañía adecuada. Durante semanas tuve la sensación de que las horas al lado tuyo valían el doble, que despertarme media hora antes para desayunar juntos no era tiempo perdido, y que sentarse a tomar mates en un balcón era el plan que le ganaba por lejos a todas las actividades rebuscadas que se nos podían ocurrir.
Compartir la rutina con la persona indicada hace que deje de ser rutina. Todo es reirse a carcajadas, todo es cantar y disfrutar, hasta que uno de los dos rompe el hielo y estira un beso un poco subido de tono, empezando lo que siempre son horas y horas de puro goce y placer.
Intento describir estas sensaciones sin que suene lo más romántico del mundo pero es que se me hace imposible: estamos acostumbrados a asociar a las buenas compañías con el amor y sin embargo aún estamos lejos de eso. Me gustaría expresar que te quiero, que me hacés sentir cosas que nadie nunca logró, pero falta mucho. Nos queda mucho por caminar, y es que eso es lo que más me gusta de vos: no saber qué va a pasar.
La incertidumbre nunca se sintió tan bien. Mientras tanto te invito a que sigas alegrándome mis días con tu manera tan particular de hacerme reir a carcajadas las 24 hs del día.
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