sábado, 29 de febrero de 2020

Las respiraciones agitadas y nuestros cuerpos sincronizados eran señal de que comenzaban las mejores horas de placer que abrían paso a un nuevo recuerdo al lado tuyo, o mejor dicho, encima.

Conocías mi piel como si te hubiesen obligado a memorizarla. Trazabas con tus dedos el recorrido de mis gemidos mientras me besabas al ritmo exacto que mi mente pedía a gritos silenciosos. Simplemente adivinabas.

Si pudieras estar en mi cabeza cada vez que comenzás a rozarme te darías cuenta enseguida que mi imaginación se va volando cuando te acercás. Nunca nadie me acarició así: besos por doquier, algún juego subidísimo de tono y como siempre, abrazos por todos lados. 

Me generabas sensaciones por todo el cuerpo: sexualmente, me enloquecías; pero sentimentalmente me enamorabas. 

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