miércoles, 4 de marzo de 2020

Te invito a pasar

Empezamos a compartir lo cotidiano con la misma facilidad con la que abrimos los ojos a la mañana. Como si fuese lo más natural del mundo, cada momento juntos me hizo sentir que estábamos dando pasos hacia el lugar indicado. 

Involucrar una mente más en mi revoltosa y apurada rutina parecía una tarea difícil y poco atractiva, pero el disfrute y las ganas de hacer que todo sea de a dos lo convirtió en una de las cosas más sencillas y naturales que alguna vez viví. Simplemente pasaba.

Nuestros comienzos parecieron planeados a la perfección: las innumerables citas y anécdotas eran creadoras por costumbre de nuevas sensaciones. Al lado tuyo todo se sentía como si fuera la primera vez, aunque mi memoria advertía que no siempre lo era. Te recité mis pensamientos subidos de tono repetidas veces, haciéndome la desentendida, dándote a creer que no sabía qué me estaba pasando que me traías la mente tan ocupada; pero lo supe desde el primer día. 

Eras el responsable de haber transformado cada momento en un nuevo recuerdo perfecto. Los detalles no se te escapaban nunca: sabías cómo hacer para equilibrar a la perfección todo lo que me gustaba. Calculando milimétricamente, te elegí desde el día cero porque supe que esto podía sucedernos y ahora, mientras me mirás callado esperando que de el primer paso, mi cabeza afirma que tus brazos son el lugar correcto y se me escapa:

¿Querés pasar? Te invito a mi vida

No hay comentarios:

Publicar un comentario