lunes, 21 de septiembre de 2020

El comienzo no se programa

A medida que te dictaba escribías sobre mi piel la historia que me conté a mí misma unas novecientas veces; agregabas algunas oraciones de tu impronta y dejabas anécdotas inconclusas para mantener el suspenso. Afuera, por la ventana, veíamos al mundo incendiarse, pero nosotros disfrutábamos del calorcito que emanaba. 

El contexto acompañaba de una forma casi irónica: disfrutábamos de la compañía del otro y nos hundíamos cada vez más en una rutina que llegaba para quedarse, mientras otros habrían pagado cualquier precio a costa de rebobinar el año entero. Para algunos, los afortunados, este año nos había encontrado desprevenidos pero negados a dejar pasar todos esos primeros momentos que nos tocaba vivir. 

Ningún comienzo puede posponerse porque uno no decide cuándo empezar. La pregunta no era en qué momento me había enamorado por completo, sino qué día decidimos admitirlo y decirlo por fin en voz alta. Empezar capítulos al lado tuyo era algo que debía hacerse ahora, y ninguna pandemia iba a encargarse de detenernos. 

Volver a creer en los cuentos de hadas se vivía casi tan cursi como se escucha, pero ya no dependía de mí ocultarlo. Ir cumpliendo todos mis sueños al lado tuyo se sentía como tocar el cielo con las manos: de haber sabido que era tan placentero, podría haber estirado los dedos un poco antes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario