miércoles, 3 de marzo de 2021

Trescientos sesenta y cinco

Dejar de mirar a quienes te miran es casi tan imposible como imaginarte fuera de mi rutina. Veo con claridad, en esos pares de ojos, el brillo de cualquiera que te dirige su mirada, generado sólamente por la esencia que transmitís con algunas de tus tantas risas espontáneas. Por momentos te ponés creativo y estallás de risas el ambiente, mientras que los demás telepatizamos por un instante: es magia. 

No sabía que necesitaba tanto de vos hasta que te tuve. Mis metas y ambiciones fueron caprichosamente individualistas hasta el último minuto; pero un día no lo resistí más. Imaginarme la idea de compartir todos mis proyectos con vos se volvía - en contra de mi voluntad - mi principal objetivo: ¿cómo no iba a querer ser así de feliz para toda la vida?

Un día te miré por primera vez y al instante ya lo sospechaba. Hoy, un año después, me alegra haber confirmado que encontré mi lugar en el mundo; grata sorpresa: no se trataba del lugar, se trataba de la compañía. 

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