miércoles, 18 de diciembre de 2019

Mariposas

Escapo a tus declaraciones porque temo que mis respuestas coincidan a la perfección con lo que buscás escuchar. Me reprimo a diario de contarte mis sensaciones porque sé que me vas a decir que vos también sentís lo mismo. No necesito que me cuentes qué te genera lo que estamos viviendo porque yo lo estoy viviendo al lado tuyo. 

Tenemos miedo, sin dudas. Sabemos que a cada beso que nos damos lo único que logramos es alimentar un sentimiento que deberíamos estar minimizando en vez de darle el lugar que le damos. Pero se hace muy difícil seguir las reglas cuando en cada mimo que nos hacemos sonreímos como dos nabos, queriendo pausar el tiempo y quedarnos para siempre.

No nos decimos nada porque ya sabemos todo. Lo que no sabemos es si nos la vamos a jugar por esto que nos pasa o si vamos a seguir escapándonos. 

De última nos escapamos juntos, no?

lunes, 25 de noviembre de 2019

Risa con ruido

Te miré fijo e indiscretamente mientras te reías a carcajadas de algún chiste en tu celular. Me despreocupé de mi intrepidez porque mi fanatismo hacia tu sonrisa ya era evidente; no lo intenté ocultar nunca. Te repetí una y otra vez lo cálida que me parecía tu mirada, la tranquilidad que sentía en tu manera de hablar y la frescura que me transmitían los momentos al lado tuyo. Con vos me divertía de una manera distinta que con el resto: estábamos en el equilibrio perfecto entre el romanticismo y la informalidad. No nos debíamos explicaciones pero tampoco teníamos problema en contarnos nuestras excusas; no nos hacía falta la compañía, pero siempre era mejor pasar el rato al lado tuyo que perdiendo el tiempo con algún otro plan de pocas expectativas. 

Disfrutaba cada minuto porque lograbas hacer que me olvidara de mis problemas. Me acuerdo el día que te conocí: me gustaste porque representabas esa alegría que siempre me caracterizó pero un mal día la perdí, o me la robaron. 

Relato ese momento como si hubiese durado una eternidad pero fue sólo eso: una carcajada. Si todo esto me lo generás con una simple risa fuerte, imaginate si tuviera que explicar lo que me causan tus besos. 

sábado, 2 de noviembre de 2019

Fugaz

Te miro esos pómulos rosados que resaltan en tu rostro y es sólo eso: mirarte. 

Me sonreías como haciendo trampa, sabiendo que se trataba de tu estrategia más eficiente para salir ganando todas las veces. Un mensaje con dos palabras dulces bastaba para hacerme decir que sí, aunque no fuera una tarea difícil, y venías a mi casa en busca de cumplir un objetivo claro. 

La noche era como de un cuento de hadas, no tenía nada que reprocharte. Las horas al lado tuyo pasaban volando como quien no se percata del paso del tiempo; dicen que esto ocurre cuando la sensación de bienestar nos distrae de tal forma que ya no prestamos atención en el entorno. El único dato que me importaba sobre el reloj era que cada vez faltaba un segundo menos para que te fueras. 

Cuando mis amigas me preguntaban cómo la pasaba con vos la respuesta era siempre la misma. "Me encanta" les decía, como si decirlo en voz alta hiciera que sentirlo fuese menos grave, pero luego no les escribía más noticias sobre vos. 

El relato no estaba del todo claro, y era porque siempre me olvidaba de contarles el final: cada vez que amanecía buscabas tu ropa como desesperado y te ibas volando, como quien se acababa de dar cuenta que estaba en el lugar equivocado. Al día siguiente no tenía noticias tuyas. Los temas de conversación eran escasos y las excusas para hablarte todas inválidas, así que todas las semanas se repetía la misma anécdota: la habíamos pasado bien, pero ahora había que esperar a que me volvieras a hablar. 

Es raro sentirse del otro lado y no ser yo quien escribe la historia. Sólo deseo que pronto me vuelvas a incluir en alguno de tus capítulos.

Nunca fui yo

Lo que más me enoja es haber tenido la oportunidad de tocar el mismísimo cielo con mis manos y no quedármelo para siempre. Debí haberme congelado en ese instante, pero no podía atentar contra mis propios instintos: me gusta mantenerme en movimiento, innovar, crecer y crear a cada paso. 

Tengo una sensación adentro mío que dice más de lo que parece: haber conocido al amor de frente me da una desventaja contra el resto de los mortales y es que yo ya no me voy a tragar cualquier historia de hadas. Tuve todo lo que pedí, no porque haya caído de la atmósfera, sino porque lo supe construir a lo largo de los años. Me esforcé con mucha dedicación para fomentar a diario buenos tratos, bueno valores; y por sobre todas las cosas le di todo a una persona que se encargó de traicionarme cada vez que se le presentó la oportunidad. 

En el último tiempo debo decir que las traiciones fueron mayormente de mi parte: ¿estaba tratando de equilibrar el universo?. Era un sentimiento de enojo que me recorría el cuerpo constantemente, consecuencia de haberle puesto tantas ganas a algo durante tantos años y ver cómo la otra persona se encargaba de destruirlo voluntariamente, y sobre todas las cosas: resultando inmune. 

Vi detalle a detalle cómo arruinaste nuestra historia en el largo plazo. Presté atención a todos tus impulsos, te acusé una y mil veces de haber estado saboteándonos (aunque sólo recibí negaciones de tu parte) y predije que esto sucedería cuando menos me escuchaste. 

Las cosas suceden de a poco, pero un día te das cuenta que los cambios no eran tan leves como suponíamos. Sólo me queda el chiclé de decirte una cosa: te advertí. 

¿Qué gané? La sensación de haber apostado años de mi vida con la persona equivocada

viernes, 25 de octubre de 2019

Pantalla

Todo parecía estar tomando rumbo. Se me acomodaban las ideas, los proyectos, las ganas. De a poco me iba inventando nuevas anécdotas y me consumía nuevamente con la realidad que me rodeaba. Fue como volver a salir a la calle después de años de haber estado a oscuras, aunque mi cabeza aún no estuviera lista para ver la luz del sol. 

Superarte fue algo pendiente, no porque no pueda, sino porque la historia había sido inconclusa. De un día para el otro se nos fue de las manos: no nos quisimos hacer cargo de que en realidad nos habíamos destruido hace ya tiempo. Nos culpamos innumerables veces por las peleas presentes pero nos olvidábamos de sostener la mochila que nos pesaba desde siempre. 

Hacerse cargo se trató de dejar ir el peso que nos molestaba porque volver a intentarlo ya sonaba obsoleto; ¿cuántas oportunidades nos habíamos dado ya?. Entonces salí y vi luz, y todo pareció estar bien durante un largo tiempo. Encontré algo de espacio para mí misma y también pude distraerme de ese pasado que no dejaba de perseguirme. Me amigué con mi olvidada persona y me sumergí en un mundo que hace años no veía. 

Pero un día me di cuenta: estaba caminando por la avenida Corrientes, rodeada de personas. En el celular tenía mensajes sin contestar, algunas invitaciones rechazadas y otras propuestas de planes divertidos para hacer en la semana. Había mucha gente y sin embargo, me encontré ahí, sola. La vida me sacó todo, pero yo sola me encargué de dejar ir lo único que me había dejado. 

viernes, 11 de octubre de 2019

¿Intensa?

Sentarse a esperar nunca se me dio bien. Me tiemblan las piernas, me transpiran las manos, me laten los ojos. Se me escapan por los dedos las ganas de escribirle, se me salen de los labios las palabras que no debo pronunciarte, se me escapan de la mente los deseos que te tengo y no te puedo decir. 

Siempre violé y rompí todos los clichés habidos y por haber. No hablarle, no escribirle, no buscarlo, no insinuarle. Hacerme la difícil, fingir que no me gusta tanto como en realidad lo hace. Nunca me enseñaron a contenerme nada y eso, a la larga, trae consecuencias. 

Hay que obedecer las reglas de la sociedad y me confunde por completo; contener las emociones que no quiero contener y esperar los minutos, horas, días y semanas que deba esperar. No pongamos en el estrado las veces que perdí el orgullo - que nunca tuve - y salí corriendo a buscarte porque me van a declarar culpable enseguida. 

viernes, 27 de septiembre de 2019

Huella

Nuestras pieles hicieron contacto por primera vez como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. No puedo sacarme de la cabeza la sensación de calor que me hicieron sentir esos brazos que hasta ese momento jamás había visto. 

Coincidir en esta vida resulta imposible cuando no estamos en el momento adecuado y con las personas indicadas. Quizás sea por eso que atesoré ese instante durante tanto tiempo, anhelando recordar la impronta de tus acciones para luego identificarla el día que me volviera a suceder, si es que sucediera. 

A través de tu esencia logré reconocer un montón de partes mías que creí rotas: logré juntarlas poco a poco y mostrarte mis detalles, mis problemas, mis virtudes. Logré mucho en muy poco tiempo, y también arriesgué todo por segundos de caprichos de los cuales me supe arrepentir. Logramos muchas cosas juntos, pero por sobre todas las cosas coincidimos en ese momento cuando más lo necesitábamos: nuestras pieles, al ritmo de esos besos y caricias; la cálida luz del atardecer asomándose; la milimétrica línea que separaba lo prohibido de lo correspondido; el placer de dejarse llevar y finalmente; el sentir que somos tal para cual con sólo tocarnos. 

He llegado a reflexionar mucho sobre nuestra piel, y es que ella recuerda a pasos agigantados más que nuestra cabeza - quien hoy en día ha dejado de darme los mejores consejos -. Suplico a gritos respuestas lógicas a las preguntas que me surgen pero no las consigo: sigo encontrándome a diario con esas ganas de tocarte y volver a sentir que en realidad no es tu cuerpo lo que acaricio, sino el mismísimo cielo que rozo con mis manos. 

Recuerdo tus aromas y tus curvas como si me hubiesen obligado a memorizar el mapa de tu figura. Recuerdo tus movimientos, tus comentarios, tus mordeduras de labios. Recuerdo la forma en que me dibujaste el universo en un instante: te sabías todos sus recovecos, sus escondites y cuál era la mejor manera de ir descubriéndolos de a uno.

Me mostraste quién eras en cuestión de segundos, y es que no hacía falta leer tu currículum para conocerte. Se te notaba la transparencia a kilómetros: tu forma de expresarte y contar anécdotas daba por sentado que me abrías las puertas de tu vida de par en par y sin dudas deseando que pasara por un largo rato. Pero no me quedé. 

Dejaste en mi cuerpo una huella que me recuerda una sensación tan linda y placentera que me quedó la vara muy alta; y es que eso es lo que más me aterra: ¿será que me dejo llevar y lo volvemos a intentar? 

martes, 24 de septiembre de 2019

¿Existe el equilibrio?

¿A cuántas personas tendrás que lastimar para darte cuenta que no estás sanando ni un poco?

La delgada linea entre salvarse el propio pellejo y romper el de los demás se difumina cada vez que ponemos en la balanza la felicidad propia o de terceros. Priorizarse puede convertirse en un arma de doble filo cuando se pierde la responsabilidad afectiva, si es que ella se adoptara de forma voluntaria. Me hice cargo de un peso que no soy capaz de sostener: ¿quién me creo que soy para ir por ahí decidiendo cuándo entristecer a mi entorno? 

Buscar la forma de equilibrar el universo no tiene por qué ser un calvario para los terceros, siempre y cuando aquellos formasen parte de tu vida. ¿Y si mi felicidad fuese también la de ellos?

Hasta el título de esta entrada es una pregunta. Espero encontrar las respuestas pronto. 

jueves, 12 de septiembre de 2019

12 de Septiembre

Apenas te das vuelta te pasan por al lado nueve meses de un año nuevo sin que llegues a procesarlo. Son seis, en realidad, desde aquel día que no logro sacarme de la cabeza. 

No encuentro una sola cosa en mi vida que siga igual que hace seis meses y un dia. Todo cambió, de un segundo para el otro. Todavía me acuerdo que cuando salí de rendir empecé a preocuparme porque todavía no me contestabas los mensajes y yo, sin saber si tenía que cocinarte o no. Mirá qué leve era mi preocupación de ese momento, qué envidiable.

Era feliz y lo sabía. Muchas veces me lo han preguntado y mi respuesta siempre fue la misma: ¿por qué no sería feliz? no puedo pedir nada más. Hoy me miro a mí misma y no me reconozco. No me acuerdo cómo pensaba, cómo sentía, cómo procesaba. En un día me cambió la vida y de la peor manera posible. 

No caí en ninguna depresión, no dejé la facultad, no me encerré en mi cuarto. Fueron cambios más profundos. Sé exactamente cuáles, pero no puedo poner en palabras a todos ellos. Sé que mis preocupaciones y prioridades cambiaron muchísimo: mi nueva frase cabecera es "¿no te parece que hay cosas más graves en la vida?".

Definitivamente las hay. Voy por ahí desmereciendo los problemas propios y ajenos, como si no existieran. Destruyo a diario mis relaciones personales con aquellos que quieran inculcar problemas nuevos, al grito de que no voy a gastar las pocas energías que la vida me dejó - casi a modo de favor - en estupideces. Desmerezco las responsabilidades que no requieren mi atención inmediata para tratar de distraerme y disfrutar lo antes que pueda. 

Pronto veré las consecuencias de mis presentes irresponsabilidades o bien, entenderé que mi nuevo modo de vida me hizo aprovechar cada momento al tope y agradeceré el cambio. El momento está pasando ahora; lo estoy viviendo, no tengo certeza de lo que ocurrirá de acá en adelante. De todas formas, sé con seguridad una cosa: yo ya tuve la felicidad y me la robaron para siempre. 

A los que todavía tienen la oportunidad de ser felices les digo: cuídenla. 

sábado, 31 de agosto de 2019

Quiebre de tiempo

Mirar atrás es un arma de doble filo. Nuestro contexto aparece y se va cada vez que pestañeamos. Los recuerdos se difuminan todos los días, y las personas que vemos en ellos parecen ser distintas cada vez que los miramos. Todo cambia constantemente, aún ante intentos desesperados de aferrarse a lo que nos gusta y hace bien. 

Reconocer el cambio no suele ser tarea fácil, pero sin dudas que es necesaria. Hay momentos de los que uno no puede escapar, por más efímeros que sean, y se encarnan dentro nuestro para transformarnos todos los días un poquitito más; y es que eso es lo más aterrador de aquellos momentos: algunos cambios no se sienten de un día para el otro, sino que cuando nos queremos dar cuenta miramos atrás y ya no nos reconocemos en nuestras propias memorias.

¿Qué consecuencias nos traerá aquel momento renovador? Imposible adivinarlo. Nos levantamos como podemos de los golpes que la vida nos da y a partir de allí nos creamos un nuevo yo, un nuevo escudo, una nueva personalidad. Surgimos como nuevas personas porque la anterior ya no es compatible con el presente dolor que transitamos, y eso nos puede perjudicar en numerosos aspectos: ¿seguirán nuestros seres queridos al lado nuestro? ¿aceptarán mi nuevo yo? ¿cambiaré para bien?

No siempre. Pero tranquila: estate segura de que quienes sigan al lado tuyo son aquellos capaces de aceptar todos tus cambios de acá en adelante y entonces, sólo entonces, podrás decirles: con vos me quedo para toda la vida.

Lástima que con él no haya resultado así. Soltar y seguir.

miércoles, 15 de mayo de 2019

No sos vos, es tu esencia

A lo largo de los años fue cambiando mi percepción del amor. Desde el chico con el que te das besos en los recreos hasta esa persona que se sienta al lado tuyo mientras vos estudiás. De todas formas siempre significaste un poco más de lo mismo: completarme. 

En estos días de empoderamiento es difícil dejar en manos de una sola persona la responsabilidad de hacerte creer que sos y vas a ser todo lo que te gustaría. Debería ser yo misma la responsable de todos esos efectos y, sin embargo, acá estoy: dependiendo de un piropo o halago que, como siempre, tengo que esperar sentada. 

Andar recolectando amor de extraños nunca fue una opción, sabiendo que ellos quieren algo que yo no: ¿realmente me interesa la idea de lo pasajero?; pero la rutina había terminado de consumirme. Entonces decidí buscar alternativas que no me vuelvan a hundir en el mismo ciclo de siempre: enamorarme, recibir amor, devolverlo, y dejar de recibirlo. 

No eras vos, era lo que representaban tus actos. Cada piropo, cada palabra de aliento, cada vez que me miraste y te mordiste los labios. Me hiciste sentir que no dependía de una sola persona para completar mi autoestima, más aún; me hiciste darme cuenta de lo completa que se puede ser con sólo cambiar el punto de vista. 

Sentirse bien con uno mismo no es sólo cuestión de mirarse al espejo y gustarse. Me gustaría poder ahondar más en el término, pero es que se me hace imposible: sigo descubriendo qué carajo es y cómo se hace.

Sólo espero un día no necesitar que nadie me lo diga en voz alta.