miércoles, 22 de abril de 2026

La última coincidencia

No nos alejaron las avenidas,
ni tampoco las circunstancias,
mucho menos los “no se puede”.

Fue haber puesto órganos distintos
en las decisiones difíciles.

Cuando mi intuición me convencía,
cuando mis elecciones se imponían desde el corazón,
como esa brisa tibia de lo que se siente correcto,
como esa sonrisa involuntaria
que aparece cuando te imaginás
la vida entera contenida en un recuerdo,
vos abrías una hoja en blanco
y empezabas a enumerar razones.

Pros.
Contras.

Como si el amor pudiera ordenarse
en columnas prolijas.

Nos alejamos en lo importante
con la misma intensidad
con la que nos encontrábamos en lo simple.

Un corazón intenso
nunca aprende a negociar con un cerebro calculador.

Yo esperaba el día
en que dejaras de medir las consecuencias,
que rompieras esa lista
y eligieras, aunque fuera una vez,
el vértigo.

Que apostaras
no a lo correcto,
sino a lo que nos hiciera felices,
aunque estuviera lleno de contras.

Pero vos elegiste la certeza.
Y yo,
yo me quedé con todo
lo que no se puede calcular.

domingo, 1 de febrero de 2026

El secreto

El fanatismo hacia tu sonrisa era lo único que no intentaba disimular. El resto de las sensaciones, sin embargo, solían encontrar su vía de escape ilegalmente a través de mi piel y quedaban a libre interpretación: el cosquilleo cada vez que me imaginaba tu siguiente anécdota maravillosa; la piel de gallina que me inundaba al oír tus dolores; y la inconfundible adrenalina de ya estar planeando el siguiente encuentro accidental.

Tu forma de ser retumbaba en las habitaciones con un brillo nunca antes visto; pero nos tenías a todos acostumbrados. Recuerdo haberme cuestionado mil veces cuál sería tu receta mágica para no quedarte nunca con preguntas por hacer. La curiosidad te llevaba a lugares donde todos queríamos ir y no lo sabíamos, pero bastaba con estar cerca tuyo para contagiarse de ella y entonces, sin pensarlo —pero intencionalmente—, arrancaba una nueva aventura juntos.

Como quien tiene todo claro en esta vida, te tomabas el trabajo de llevar las riendas del humor del día de todos tus cercanos y lo transformabas en una arena de risas versus emociones. Era como si el resto de los presentes no existiera; como si todo lo que pensabas y expresabas estuviera dirigido hacia mí.

Así nos sentíamos quienes disfrutábamos de tu presencia, de eso no quedan dudas. Pero no todos lo podían declarar. No yo, al menos. No ahora, advertía. No nunca, afirmaba.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Trescientos sesenta y cinco

Dejar de mirar a quienes te miran es casi tan imposible como imaginarte fuera de mi rutina. Veo con claridad, en esos pares de ojos, el brillo de cualquiera que te dirige su mirada, generado sólamente por la esencia que transmitís con algunas de tus tantas risas espontáneas. Por momentos te ponés creativo y estallás de risas el ambiente, mientras que los demás telepatizamos por un instante: es magia. 

No sabía que necesitaba tanto de vos hasta que te tuve. Mis metas y ambiciones fueron caprichosamente individualistas hasta el último minuto; pero un día no lo resistí más. Imaginarme la idea de compartir todos mis proyectos con vos se volvía - en contra de mi voluntad - mi principal objetivo: ¿cómo no iba a querer ser así de feliz para toda la vida?

Un día te miré por primera vez y al instante ya lo sospechaba. Hoy, un año después, me alegra haber confirmado que encontré mi lugar en el mundo; grata sorpresa: no se trataba del lugar, se trataba de la compañía. 

lunes, 21 de septiembre de 2020

El comienzo no se programa

A medida que te dictaba escribías sobre mi piel la historia que me conté a mí misma unas novecientas veces; agregabas algunas oraciones de tu impronta y dejabas anécdotas inconclusas para mantener el suspenso. Afuera, por la ventana, veíamos al mundo incendiarse, pero nosotros disfrutábamos del calorcito que emanaba. 

El contexto acompañaba de una forma casi irónica: disfrutábamos de la compañía del otro y nos hundíamos cada vez más en una rutina que llegaba para quedarse, mientras otros habrían pagado cualquier precio a costa de rebobinar el año entero. Para algunos, los afortunados, este año nos había encontrado desprevenidos pero negados a dejar pasar todos esos primeros momentos que nos tocaba vivir. 

Ningún comienzo puede posponerse porque uno no decide cuándo empezar. La pregunta no era en qué momento me había enamorado por completo, sino qué día decidimos admitirlo y decirlo por fin en voz alta. Empezar capítulos al lado tuyo era algo que debía hacerse ahora, y ninguna pandemia iba a encargarse de detenernos. 

Volver a creer en los cuentos de hadas se vivía casi tan cursi como se escucha, pero ya no dependía de mí ocultarlo. Ir cumpliendo todos mis sueños al lado tuyo se sentía como tocar el cielo con las manos: de haber sabido que era tan placentero, podría haber estirado los dedos un poco antes. 

miércoles, 4 de marzo de 2020

Te invito a pasar

Empezamos a compartir lo cotidiano con la misma facilidad con la que abrimos los ojos a la mañana. Como si fuese lo más natural del mundo, cada momento juntos me hizo sentir que estábamos dando pasos hacia el lugar indicado. 

Involucrar una mente más en mi revoltosa y apurada rutina parecía una tarea difícil y poco atractiva, pero el disfrute y las ganas de hacer que todo sea de a dos lo convirtió en una de las cosas más sencillas y naturales que alguna vez viví. Simplemente pasaba.

Nuestros comienzos parecieron planeados a la perfección: las innumerables citas y anécdotas eran creadoras por costumbre de nuevas sensaciones. Al lado tuyo todo se sentía como si fuera la primera vez, aunque mi memoria advertía que no siempre lo era. Te recité mis pensamientos subidos de tono repetidas veces, haciéndome la desentendida, dándote a creer que no sabía qué me estaba pasando que me traías la mente tan ocupada; pero lo supe desde el primer día. 

Eras el responsable de haber transformado cada momento en un nuevo recuerdo perfecto. Los detalles no se te escapaban nunca: sabías cómo hacer para equilibrar a la perfección todo lo que me gustaba. Calculando milimétricamente, te elegí desde el día cero porque supe que esto podía sucedernos y ahora, mientras me mirás callado esperando que de el primer paso, mi cabeza afirma que tus brazos son el lugar correcto y se me escapa:

¿Querés pasar? Te invito a mi vida

sábado, 29 de febrero de 2020

Las respiraciones agitadas y nuestros cuerpos sincronizados eran señal de que comenzaban las mejores horas de placer que abrían paso a un nuevo recuerdo al lado tuyo, o mejor dicho, encima.

Conocías mi piel como si te hubiesen obligado a memorizarla. Trazabas con tus dedos el recorrido de mis gemidos mientras me besabas al ritmo exacto que mi mente pedía a gritos silenciosos. Simplemente adivinabas.

Si pudieras estar en mi cabeza cada vez que comenzás a rozarme te darías cuenta enseguida que mi imaginación se va volando cuando te acercás. Nunca nadie me acarició así: besos por doquier, algún juego subidísimo de tono y como siempre, abrazos por todos lados. 

Me generabas sensaciones por todo el cuerpo: sexualmente, me enloquecías; pero sentimentalmente me enamorabas. 

viernes, 24 de enero de 2020

Incertidumbre

El televisor sonaba casi aturdiendo, pidiendo por favor que le prestara un poco de mi atención, pero las ideas que tenía en la cabeza me gritaban mucho más fuerte que aquella película repetida. 

Tengo experiencia perdiendo batallas contra mí misma: controlar los pensamientos se hace muy difícil cuando la mente te funciona a cientos de kilómetros por hora y, como si frenar mi cabeza fuera fácil, también tengo que tragarme el disgusto de tener que ocultar lo que me pasa con el hipotético y constante mensaje de que haberme enamorado de vos podría convertirse en la peor decisión que alguna vez tomé. 

La llamo "decisión" pero sabemos que no fue así: apareciste por accidente para salvarme de una vida que ansiaba despedir. Me mostraste una realidad que demoró cinco minutos en convencerme de que era la indicada y me llevaste a experimentar los mejores pasatiempos. Me hiciste creer que podíamos seguir cruzando innumerables límites; romper barreras; crear anécdotas. Pero por sobre todas las cosas me hiciste pensar que la informalidad de nuestras acciones no tendría ninguna consecuencia y sin embargo acá estoy: con la garganta llena de nudos y unas palabras que quiero pronunciarte pero no me atrevo. 

Me la juego a pensar que mis acciones representan a diario mis sentimientos, me convenzo a cada minuto de que decirte lo que debo decirte no es necesario, que podemos seguir jugando un rato más a involucrarnos cada vez más en la vida del otro y arriesgarnos a que en el futuro vengan sólo cosas buenas.

¿Pero si no sucede? 

Nadie me asegura que estemos yendo para el mismo lado, y eso sólo provoca que mis ideas se alteren las veinticuatro horas del día. Me distraigo constantemente pensando en si te habrás dado cuenta del poder que -sin querer- te estoy regalando: podés hacerme la mujer más feliz del mundo con sólo sonreír, pero ¿podés cuidar de mis sentimientos aún sin haberte dicho que existen?

martes, 7 de enero de 2020

Pausa

El control remoto se había quedado sin pilas y saliste corriendo a comprar nuevas, anticipando que teníamos por delante un domingo interminable de puras películas y golosinas. Te especializaste en los detalles y en procurar que todo fuese perfecto cada vez que nos encontrábamos. Debo decir que el responsable de tanto disfrute y placer eras vos, que empecinado en sumar un domingo perfecto más a la lista de tantos otros, tenías como deber hacerme reír a carcajadas lo que durara nuestra cita. 

Descubrí que cada vez que nos veíamos rompíamos un nuevo límite; sumábamos una nueva primera vez. Nosotros, negados, pensábamos que sólo estábamos pasando un lindo rato,  cuando inocentes alimentábamos una llama que luego sería muy difícil de ignorar. Con cada risa que me generabas desbloqueabas un nuevo recuerdo feliz en mí, y con cada beso  de los nuestros recuperabas un poquito lo que el tiempo se había encargado de robarme los últimos meses. 

Me curaste durante unas largas y hermosas semanas. Te encargaste de hacer que cada salida fuese perfecta, aún cuando la incertidumbre acechaba, sin saber si un día me ibas a ver corriendo hacia el otro lado, asustada por el vínculo que habíamos creado. 

Si pudiera hablarte con total honestidad te diría, mirándote a esos ojos almendrados, que no voy a ir a ningún lado. No sé muy bien hacia donde nos dirigimos, pero hasta descubrirlo voy a encargarme de pausar el tiempo donde hoy soy más feliz: tus abrazos. 

domingo, 5 de enero de 2020

Falta una copa

Las copas en el aire esperan ansiosas que el reloj ya no muestre las 23:59. Dentro de un minuto vendrán abrazos, besos, palabras enternecedoras y algún que otro familiar mirándonos con lástima, sabiendo que tus cercanos estamos brindando sólo a modo de trámite, pero que son pocos los motivos de festejo. 

Hay personas que pisan tan fuerte que se hacen notar cuando no están. Ojalá hubieses pasado desapercibido en este mundo, pero en vez de eso decidiste vivir tu vida por y para los que siempre te rodearon. Dejaste huellas, muchas, y te responsabilizo a vos y a nadie más que vos por haberte impregnado en los corazones de tu gente mientras que nosotros, viendo cómo el reloj marca por fin el comienzo de un año nuevo, soltamos una lágrima recordándote. 

Me gustaría poder decir que aquel recuerdo devastador se acaba de ir con el año que despedimos, pero no es así. Y tampoco queremos que lo sea, porque ¿cómo vamos a querer deshacernos de tus memorias?. 

Hubiese sido más fácil que nadie notara que te fuiste, pero nos diste tanto amor y compañía a lo largo de tu vida que lograste que no podamos sacarte de nuestras cabezas. Recuerdo latente el día que tuvimos que despedirte y vuelve a recorrerme la misma sensación al mirar hacia los costados y ver a todos los que supe que notarían permanentemente tu ausencia: una mezcla entre orgullo, por lo grande que fuiste; y enojo, porque duró muy poco.

28 años quedaron muy cortos para semejante persona. Volvé, que aunque quizás vos ya hiciste todo lo que querías hacer, a nosotros nos falta devolverte todo lo que nos diste. 

viernes, 20 de diciembre de 2019

Desvanecer

Te fuiste de un segundo para el otro borrando detrás todas tus huellas. 

Escribo mirando por la ventana como quien está en busca de inspiración, tratando de crear alguna historia que represente un poquito lo que fue la nuestra, buscando quizás que entres a mi blog a leerme o simplemente desahogarme de todo esto que tengo atravesado en la garganta. 

Los días pasan apurados, por suerte; parece que se dieron cuenta que necesito borrar rápido estos últimos momentos de mi vida, desde que te fuiste caminando por la puerta de mi casa sin saber que iba a ser la última vez que iba a poder mirarte a los ojos. 

No fueron años desperdiciados, o al menos eso me hace pensar saber que no quiero sacármelos de encima. Temí siempre por este momento, porque sabía que las relaciones nunca duran para toda la vida, y me imaginé en este delirio de la soledad una y otra vez. Debo decir que es mucho mas fácil de lo que parecía; o quizás es porque lo comparo con seguir en el infierno de lo que habría sido nuestra pareja después de tantos quilombos, y sí: estar sola está bien, o por lo menos es mejor que eso. 

Hace mucho tiempo que me había desenamorado de vos, pero supiste ser el compañero que necesité al lado mío en el peor momento y eso hizo que la decisión final no llegara nunca. Mezclé amistad con amor, sin dudas. Lo que necesité de vos fue tu compañía, pero no tus promesas - y menos mal, porque las hubieses roto a todas -. 

Fuiste lo justo y necesario para darme el empujón que necesitaba para despegar. Hoy soy mejor, aunque un poquito más destruida por dentro, y debo admitir que eso es consecuencia de tantos años juntos.

Aún no me queda claro si lo logré gracias a vos o a pesar tuyo, lo que sí entiendo a la perfección es saber distinguir entre las huellas que dejamos y el futuro que nos espera. Separados, pero ilimitado. El techo lo ponemos nosotros. 


jueves, 19 de diciembre de 2019

No hay remate

La actividad más rutinaria que se te ocurra se puede transformar en una aventura inexplicable cuando contás con la compañía adecuada. Durante semanas tuve la sensación de que las horas al lado tuyo valían el doble, que despertarme media hora antes para desayunar juntos no era tiempo perdido, y que sentarse a tomar mates en un balcón era el plan que le ganaba por lejos a todas las actividades rebuscadas que se nos podían ocurrir. 

Compartir la rutina con la persona indicada hace que deje de ser rutina. Todo es reirse a carcajadas, todo es cantar y disfrutar, hasta que uno de los dos rompe el hielo y estira un beso un poco subido de tono, empezando lo que siempre son horas y horas de puro goce y placer. 

Intento describir estas sensaciones sin que suene lo más romántico del mundo pero es que se me hace imposible: estamos acostumbrados a asociar a las buenas compañías con el amor y sin embargo aún estamos lejos de eso. Me gustaría expresar que te quiero, que me hacés sentir cosas que nadie nunca logró, pero falta mucho. Nos queda mucho por caminar, y es que eso es lo que más me gusta de vos: no saber qué va a pasar. 

La incertidumbre nunca se sintió tan bien. Mientras tanto te invito a que sigas alegrándome mis días con tu manera tan particular de hacerme reir a carcajadas las 24 hs del día.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Mariposas

Escapo a tus declaraciones porque temo que mis respuestas coincidan a la perfección con lo que buscás escuchar. Me reprimo a diario de contarte mis sensaciones porque sé que me vas a decir que vos también sentís lo mismo. No necesito que me cuentes qué te genera lo que estamos viviendo porque yo lo estoy viviendo al lado tuyo. 

Tenemos miedo, sin dudas. Sabemos que a cada beso que nos damos lo único que logramos es alimentar un sentimiento que deberíamos estar minimizando en vez de darle el lugar que le damos. Pero se hace muy difícil seguir las reglas cuando en cada mimo que nos hacemos sonreímos como dos nabos, queriendo pausar el tiempo y quedarnos para siempre.

No nos decimos nada porque ya sabemos todo. Lo que no sabemos es si nos la vamos a jugar por esto que nos pasa o si vamos a seguir escapándonos. 

De última nos escapamos juntos, no?

lunes, 25 de noviembre de 2019

Risa con ruido

Te miré fijo e indiscretamente mientras te reías a carcajadas de algún chiste en tu celular. Me despreocupé de mi intrepidez porque mi fanatismo hacia tu sonrisa ya era evidente; no lo intenté ocultar nunca. Te repetí una y otra vez lo cálida que me parecía tu mirada, la tranquilidad que sentía en tu manera de hablar y la frescura que me transmitían los momentos al lado tuyo. Con vos me divertía de una manera distinta que con el resto: estábamos en el equilibrio perfecto entre el romanticismo y la informalidad. No nos debíamos explicaciones pero tampoco teníamos problema en contarnos nuestras excusas; no nos hacía falta la compañía, pero siempre era mejor pasar el rato al lado tuyo que perdiendo el tiempo con algún otro plan de pocas expectativas. 

Disfrutaba cada minuto porque lograbas hacer que me olvidara de mis problemas. Me acuerdo el día que te conocí: me gustaste porque representabas esa alegría que siempre me caracterizó pero un mal día la perdí, o me la robaron. 

Relato ese momento como si hubiese durado una eternidad pero fue sólo eso: una carcajada. Si todo esto me lo generás con una simple risa fuerte, imaginate si tuviera que explicar lo que me causan tus besos. 

sábado, 2 de noviembre de 2019

Fugaz

Te miro esos pómulos rosados que resaltan en tu rostro y es sólo eso: mirarte. 

Me sonreías como haciendo trampa, sabiendo que se trataba de tu estrategia más eficiente para salir ganando todas las veces. Un mensaje con dos palabras dulces bastaba para hacerme decir que sí, aunque no fuera una tarea difícil, y venías a mi casa en busca de cumplir un objetivo claro. 

La noche era como de un cuento de hadas, no tenía nada que reprocharte. Las horas al lado tuyo pasaban volando como quien no se percata del paso del tiempo; dicen que esto ocurre cuando la sensación de bienestar nos distrae de tal forma que ya no prestamos atención en el entorno. El único dato que me importaba sobre el reloj era que cada vez faltaba un segundo menos para que te fueras. 

Cuando mis amigas me preguntaban cómo la pasaba con vos la respuesta era siempre la misma. "Me encanta" les decía, como si decirlo en voz alta hiciera que sentirlo fuese menos grave, pero luego no les escribía más noticias sobre vos. 

El relato no estaba del todo claro, y era porque siempre me olvidaba de contarles el final: cada vez que amanecía buscabas tu ropa como desesperado y te ibas volando, como quien se acababa de dar cuenta que estaba en el lugar equivocado. Al día siguiente no tenía noticias tuyas. Los temas de conversación eran escasos y las excusas para hablarte todas inválidas, así que todas las semanas se repetía la misma anécdota: la habíamos pasado bien, pero ahora había que esperar a que me volvieras a hablar. 

Es raro sentirse del otro lado y no ser yo quien escribe la historia. Sólo deseo que pronto me vuelvas a incluir en alguno de tus capítulos.

Nunca fui yo

Lo que más me enoja es haber tenido la oportunidad de tocar el mismísimo cielo con mis manos y no quedármelo para siempre. Debí haberme congelado en ese instante, pero no podía atentar contra mis propios instintos: me gusta mantenerme en movimiento, innovar, crecer y crear a cada paso. 

Tengo una sensación adentro mío que dice más de lo que parece: haber conocido al amor de frente me da una desventaja contra el resto de los mortales y es que yo ya no me voy a tragar cualquier historia de hadas. Tuve todo lo que pedí, no porque haya caído de la atmósfera, sino porque lo supe construir a lo largo de los años. Me esforcé con mucha dedicación para fomentar a diario buenos tratos, bueno valores; y por sobre todas las cosas le di todo a una persona que se encargó de traicionarme cada vez que se le presentó la oportunidad. 

En el último tiempo debo decir que las traiciones fueron mayormente de mi parte: ¿estaba tratando de equilibrar el universo?. Era un sentimiento de enojo que me recorría el cuerpo constantemente, consecuencia de haberle puesto tantas ganas a algo durante tantos años y ver cómo la otra persona se encargaba de destruirlo voluntariamente, y sobre todas las cosas: resultando inmune. 

Vi detalle a detalle cómo arruinaste nuestra historia en el largo plazo. Presté atención a todos tus impulsos, te acusé una y mil veces de haber estado saboteándonos (aunque sólo recibí negaciones de tu parte) y predije que esto sucedería cuando menos me escuchaste. 

Las cosas suceden de a poco, pero un día te das cuenta que los cambios no eran tan leves como suponíamos. Sólo me queda el chiclé de decirte una cosa: te advertí. 

¿Qué gané? La sensación de haber apostado años de mi vida con la persona equivocada

viernes, 25 de octubre de 2019

Pantalla

Todo parecía estar tomando rumbo. Se me acomodaban las ideas, los proyectos, las ganas. De a poco me iba inventando nuevas anécdotas y me consumía nuevamente con la realidad que me rodeaba. Fue como volver a salir a la calle después de años de haber estado a oscuras, aunque mi cabeza aún no estuviera lista para ver la luz del sol. 

Superarte fue algo pendiente, no porque no pueda, sino porque la historia había sido inconclusa. De un día para el otro se nos fue de las manos: no nos quisimos hacer cargo de que en realidad nos habíamos destruido hace ya tiempo. Nos culpamos innumerables veces por las peleas presentes pero nos olvidábamos de sostener la mochila que nos pesaba desde siempre. 

Hacerse cargo se trató de dejar ir el peso que nos molestaba porque volver a intentarlo ya sonaba obsoleto; ¿cuántas oportunidades nos habíamos dado ya?. Entonces salí y vi luz, y todo pareció estar bien durante un largo tiempo. Encontré algo de espacio para mí misma y también pude distraerme de ese pasado que no dejaba de perseguirme. Me amigué con mi olvidada persona y me sumergí en un mundo que hace años no veía. 

Pero un día me di cuenta: estaba caminando por la avenida Corrientes, rodeada de personas. En el celular tenía mensajes sin contestar, algunas invitaciones rechazadas y otras propuestas de planes divertidos para hacer en la semana. Había mucha gente y sin embargo, me encontré ahí, sola. La vida me sacó todo, pero yo sola me encargué de dejar ir lo único que me había dejado. 

viernes, 11 de octubre de 2019

¿Intensa?

Sentarse a esperar nunca se me dio bien. Me tiemblan las piernas, me transpiran las manos, me laten los ojos. Se me escapan por los dedos las ganas de escribirle, se me salen de los labios las palabras que no debo pronunciarte, se me escapan de la mente los deseos que te tengo y no te puedo decir. 

Siempre violé y rompí todos los clichés habidos y por haber. No hablarle, no escribirle, no buscarlo, no insinuarle. Hacerme la difícil, fingir que no me gusta tanto como en realidad lo hace. Nunca me enseñaron a contenerme nada y eso, a la larga, trae consecuencias. 

Hay que obedecer las reglas de la sociedad y me confunde por completo; contener las emociones que no quiero contener y esperar los minutos, horas, días y semanas que deba esperar. No pongamos en el estrado las veces que perdí el orgullo - que nunca tuve - y salí corriendo a buscarte porque me van a declarar culpable enseguida. 

viernes, 27 de septiembre de 2019

Huella

Nuestras pieles hicieron contacto por primera vez como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. No puedo sacarme de la cabeza la sensación de calor que me hicieron sentir esos brazos que hasta ese momento jamás había visto. 

Coincidir en esta vida resulta imposible cuando no estamos en el momento adecuado y con las personas indicadas. Quizás sea por eso que atesoré ese instante durante tanto tiempo, anhelando recordar la impronta de tus acciones para luego identificarla el día que me volviera a suceder, si es que sucediera. 

A través de tu esencia logré reconocer un montón de partes mías que creí rotas: logré juntarlas poco a poco y mostrarte mis detalles, mis problemas, mis virtudes. Logré mucho en muy poco tiempo, y también arriesgué todo por segundos de caprichos de los cuales me supe arrepentir. Logramos muchas cosas juntos, pero por sobre todas las cosas coincidimos en ese momento cuando más lo necesitábamos: nuestras pieles, al ritmo de esos besos y caricias; la cálida luz del atardecer asomándose; la milimétrica línea que separaba lo prohibido de lo correspondido; el placer de dejarse llevar y finalmente; el sentir que somos tal para cual con sólo tocarnos. 

He llegado a reflexionar mucho sobre nuestra piel, y es que ella recuerda a pasos agigantados más que nuestra cabeza - quien hoy en día ha dejado de darme los mejores consejos -. Suplico a gritos respuestas lógicas a las preguntas que me surgen pero no las consigo: sigo encontrándome a diario con esas ganas de tocarte y volver a sentir que en realidad no es tu cuerpo lo que acaricio, sino el mismísimo cielo que rozo con mis manos. 

Recuerdo tus aromas y tus curvas como si me hubiesen obligado a memorizar el mapa de tu figura. Recuerdo tus movimientos, tus comentarios, tus mordeduras de labios. Recuerdo la forma en que me dibujaste el universo en un instante: te sabías todos sus recovecos, sus escondites y cuál era la mejor manera de ir descubriéndolos de a uno.

Me mostraste quién eras en cuestión de segundos, y es que no hacía falta leer tu currículum para conocerte. Se te notaba la transparencia a kilómetros: tu forma de expresarte y contar anécdotas daba por sentado que me abrías las puertas de tu vida de par en par y sin dudas deseando que pasara por un largo rato. Pero no me quedé. 

Dejaste en mi cuerpo una huella que me recuerda una sensación tan linda y placentera que me quedó la vara muy alta; y es que eso es lo que más me aterra: ¿será que me dejo llevar y lo volvemos a intentar? 

martes, 24 de septiembre de 2019

¿Existe el equilibrio?

¿A cuántas personas tendrás que lastimar para darte cuenta que no estás sanando ni un poco?

La delgada linea entre salvarse el propio pellejo y romper el de los demás se difumina cada vez que ponemos en la balanza la felicidad propia o de terceros. Priorizarse puede convertirse en un arma de doble filo cuando se pierde la responsabilidad afectiva, si es que ella se adoptara de forma voluntaria. Me hice cargo de un peso que no soy capaz de sostener: ¿quién me creo que soy para ir por ahí decidiendo cuándo entristecer a mi entorno? 

Buscar la forma de equilibrar el universo no tiene por qué ser un calvario para los terceros, siempre y cuando aquellos formasen parte de tu vida. ¿Y si mi felicidad fuese también la de ellos?

Hasta el título de esta entrada es una pregunta. Espero encontrar las respuestas pronto. 

jueves, 12 de septiembre de 2019

12 de Septiembre

Apenas te das vuelta te pasan por al lado nueve meses de un año nuevo sin que llegues a procesarlo. Son seis, en realidad, desde aquel día que no logro sacarme de la cabeza. 

No encuentro una sola cosa en mi vida que siga igual que hace seis meses y un dia. Todo cambió, de un segundo para el otro. Todavía me acuerdo que cuando salí de rendir empecé a preocuparme porque todavía no me contestabas los mensajes y yo, sin saber si tenía que cocinarte o no. Mirá qué leve era mi preocupación de ese momento, qué envidiable.

Era feliz y lo sabía. Muchas veces me lo han preguntado y mi respuesta siempre fue la misma: ¿por qué no sería feliz? no puedo pedir nada más. Hoy me miro a mí misma y no me reconozco. No me acuerdo cómo pensaba, cómo sentía, cómo procesaba. En un día me cambió la vida y de la peor manera posible. 

No caí en ninguna depresión, no dejé la facultad, no me encerré en mi cuarto. Fueron cambios más profundos. Sé exactamente cuáles, pero no puedo poner en palabras a todos ellos. Sé que mis preocupaciones y prioridades cambiaron muchísimo: mi nueva frase cabecera es "¿no te parece que hay cosas más graves en la vida?".

Definitivamente las hay. Voy por ahí desmereciendo los problemas propios y ajenos, como si no existieran. Destruyo a diario mis relaciones personales con aquellos que quieran inculcar problemas nuevos, al grito de que no voy a gastar las pocas energías que la vida me dejó - casi a modo de favor - en estupideces. Desmerezco las responsabilidades que no requieren mi atención inmediata para tratar de distraerme y disfrutar lo antes que pueda. 

Pronto veré las consecuencias de mis presentes irresponsabilidades o bien, entenderé que mi nuevo modo de vida me hizo aprovechar cada momento al tope y agradeceré el cambio. El momento está pasando ahora; lo estoy viviendo, no tengo certeza de lo que ocurrirá de acá en adelante. De todas formas, sé con seguridad una cosa: yo ya tuve la felicidad y me la robaron para siempre. 

A los que todavía tienen la oportunidad de ser felices les digo: cuídenla.